La herencia del desgobierno

7 de Octubre del 2016
El Comercio

 
Hay varias maneras de medir la crisis que atraviesa la región Áncash. Desde el aspecto político, por ejemplo.

El primer gobernador regional de Áncash en dejar su cargo fue Freddy Ghilardi, destituido en el 2004 por inasistencias injustificadas a cuatro sesiones del consejo. El anuncio de su salida fue celebrado por sus rivales políticos en Huaraz, Chimbote y otras ciudades. Ghilardi fue el primer gobernador del país en ser desaforado.

El siguiente gobernador electo, César Álvarez, comenzó su primera gestión en enero del 2007 y la culminó en diciembre del 2010, como correspondía. Pero su segundo período terminó antes de tiempo, en mayo del 2014, cuando fue detenido por la policía y acusado de corrupción y otros delitos por los cuales sigue en prisión preventiva. Este fue el epílogo de un difícil momento para esta región, hundida entre los malos manejos económicos y el crimen organizado.

El siguiente gobernador electo fue Waldo Ríos. No comenzó su gestión en enero del 2015, como debía ser, sino en mayo de ese año, pues seguía inhabilitado por el Jurado Nacional de Elecciones debido a una reparación civil pendiente. En los primeros meses fue reemplazado por el vicegobernador, Enrique Vargas. Sin embargo, meses después, en el presente octubre, Ríos volvió a la cárcel tras recibir una condena de 5 años por peculado y colusión. El miércoles el consejo regional acordó su vacancia; actualmente el cargo interino lo ocupa otra vez Vargas.

—Lenta recuperación—
La crisis se puede analizar desde el aspecto económico. Con Enrique Vargas como gobernador interino, los ancashinos esperan que retome los proyectos de envergadura postergados.

Para el analista político y economista chimbotano Luis Luna Villarreal, la ausencia de Waldo Ríos no afectará la economía de Áncash. “Durante su gestión no se han impulsado obras importantes, y tampoco hay proyectos de licitación en curso”, dice Luna.

Actualmente, Áncash figura entre las regiones con menor capacidad de gasto, con un promedio del 60% [ver infografía]. Luna considera que, para afrontar la crisis, la autoridad encargada debe elaborar un plan de desarrollo regional en el que se impulse el proyecto agroexportador Chinecas, los parques industriales y el sector turístico.
El economista Yuri Vivar recomienda que, ante la emergencia, “se debe establecer un planeamiento de mediano y largo plazo, e invertir en proyectos de envergadura que generen empleo”.

El presidente de la Cámara de Comercio del Santa, Rodolfo León, comenta que está a la expectativa de que Vargas sepa rodearse de los profesionales calificados para superar la crisis. “Áncash es una región rica en recursos y puede renacer. Esperamos que haga una labor diferente a la de Ríos, considerada populista e ineficiente”, dice.

El miércoles, poco después de ser nombrado gobernador interino, Vargas citó, entre sus primeras medidas, impulsar Chinecas –estancado hace tres décadas–, encaminar el Plan de Reactivación Económica de Áncash, valuado en casi S/5 mil millones, y tocar las puertas del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski para conseguir el presupuesto para culminar obras paralizadas por malos manejos en las gestiones anteriores.

—Crisis paralelas—
El desgobierno heredado en Áncash tiene también un componente social.
A la par que la corrupción, Áncash sufre los embates de la inseguridad y el crimen organizado. Según la policía, desde el 2012 ha habido más de 250 asesinatos en las principales ciudades de la región, la mayoría a manos de sicarios. Las provincias de Casma y el Santa están bajo estado de emergencia desde diciembre del 2015, y esta medida ha sido prorrogada varias veces. La criminalidad ya no es el principal dolor de cabeza para los ancashinos. Son, en realidad, varias crisis paralelas.
 
2016-10-07 – la herencia del desgobierno – El Comercio

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