Revista Ideele

EE.UU.: los costos de la imprudencia fiscal

01 de agosto del 2011

Se logra acuerdo en EE.UU. para evitar caer en mora. El presidente de Estados Unidos anunció que se alcanzó un acuerdo para reducir el déficit fiscal. (Gestión 01/08/2011)

La prensa peruana, inclusive la especializada, no parece entender la magnitud del problema de solvencia fiscal que enfrentan Estados Unidos y otras economías desarrolladas. Mientras el titular del diario financiero local es “Se logra acuerdo en EE.UU. para evitar caer en mora”, Lex, la columna de opinión del Financial Times, titula su nota sobre el mismo tema “Déficit de EE.UU.: esquivando los fundamentos”, asumiendo una posición muy crítica. También lo es un artículo de Carmen Reinhart y Vincent Reinhart, por ejemplo, publicado en el mismo medio, titulado “Con acuerdo o sin acuerdo, Estados Unidos merece un recorte de su clasificación crediticia”. Precisamente la Dra. Reinhart y el Dr. Kenneth Rogoff -catedrático de Harvard y ex Economista Jefe del Fondo Monetario Internacional- publicaron, hace poco, un trabajo de investigación que resultó de un impresionante repaso histórico sobre las crisis de deuda soberana y bancaria a lo largo de la historia (ver), así como su devastador impacto en la actividad económica y el bienestar. Si se animan a revisarlo, verán que nuestro país pasó, frecuente y recurrentemente, por estas crisis a lo largo de su vida republicana. Paradójicamente, los alumnos superamos a los maestros, que ahora parecen alumnos de inicial: como puede observarse en los siguientes gráficos, las principales economías industrializadas el mundo deben envidiar una deuda pública del tamaño de la nuestra, cuyo pago representa hoy una porción tan pequeña de la actividad económica (ver gráfico 1).

El Congreso estadounidense acordó imponer un límite de deuda al Ejecutivo tras la Primer Guerra Mundial. Luego de vaivenes fiscales, en la década de los 90 la situación fiscal de los EEUU se tornó tan positiva que en el 2001 el Congreso pronosticó que para el 2011 se habría eliminado toda la deuda y se habría acumulado un superávit de US$2.7 trillones de dólares. La realidad es que en lugar de ello el año 2011 acaba con una deuda de US$10.4 trillones de dólares. El gráfico adjunto muestra los factores que explican esta gigantesca diferencia entre la realidad actual y el pronóstico de hace diez años. Si bien hay muchos factores, incluyendo una sobre-optimista reducción de impuestos durante la administración Bush, el factor más importante es el efecto fiscal de un crecimiento económico menor al esperado. Esta lección debemos aprenderla los peruanos, especialmente el nuevo gobierno, para nunca subestimar los costos -fiscales y otros -de un menor crecimiento económico.

El Congreso de Estados Unidos votará esta noche un paquete de recortes del gasto público de US$ 2.4 billones -US$ 2,400 billones a la usanza estadounidense- en la próxima década, nada menos que un sexto del Producto Bruto Interno de la economía más grande del mundo, una proporción semejante a lo que toda la recaudación tributaria representa de la actividad económica en nuestro país. Asimismo, se incrementará el límite de deuda hasta el 2013, poco después del cambio de mando. Así, Estados Unidos, cuya deuda aún es considerada como “libre de riesgo” en la teoría y práctica financieras estándar (ver gráfico 3), evitó el bochorno de no poder pagar su deuda ni a sus afiliados al seguro social, otros programas de salud y empleados públicos, por ejemplo. Como dicen en Estados Unidos, sin embargo, el diablo está en los detalles. Una comisión bipartidaria de los mismos políticos que crearon tremendos riesgos por esperar hasta el último minuto para anunciar un acuerdo parcial, que no soluciona los problemas de fondo, deberá identificar programas públicos que sufrirán recortes presupuestales de US$ 1.5 billones. Peor aún, las recomendaciones que hiciera una comisión similar para la responsabilidad y la reforma fiscal ya fueron ignoradas. Standard & Poors, clasificadora de riesgo que ha indicado podría, recortar la clasificación AAA de Estados Unidos, sugirió que se requerían recortes de US$ 4 billones para evitarlo.

En este contexto, sumado a los decepcionantes datos sobre la economía estadounidense, la tragedia de Grecia (CD 01/07/2011) y los otros PIIGS, nuestro país tiene que ser realmente conservador en materia fiscal. La prioridad debe ser mejorar la calidad del gasto. Carlos Oliva, flamante Viceministro de Hacienda, es uno de los peruanos que más sabe de evaluaciones de la calidad del gasto en el marco de Presupuesto por Resultados. Ojalá el Presidente Humala, el gabinete y el próximo Consejo de Asesores lo apoyen. Una reforma de la regla fiscal, para que apuntemos a un pequeño superávit fiscal incluso con precios sostenibles de metales y la economía marchando a velocidad de crucero -algo que solo conseguimos en dos años de la última década- es imprescindible. Kurt Burneo y Félix Jiménez han discutido este concepto en más de un foro: ahora pueden implementarlo junto a Miguel Castilla.
No cabe duda que Grecia, Portugal y posiblemente Irlanda tendrán que reestructurar su deuda pública. Estados Unidos enfrenta un ajuste fiscal de proporciones en un contexto de una recuperación anémica de la economía global. La evidencia muestra que la prudencia fiscal es una virtud que nunca debe de ser subestimada.

COMENTARIOS

  1. […] La prensa peruana, inclusive la especializada, no parece entender la magnitud del problema de solvencia fiscal que enfrentan Estados Unidos y otras economías desarrolladas. Mientras el titular del diario financiero local es “Se logra acuerdo en EE.UU. para evitar caer en mora”, Lex, la columna de opinión del Financial Times, titula su nota sobre el mismo tema “Déficit de EE.UU.: esquivando los fundamentos”, asumiendo una posición muy crítica. También lo es un artículo de Carmen Reinhart y Vincent Reinhart, por ejemplo, publicado en el mismo medio, titulado “Con acuerdo o sin acuerdo, Estados Unidos merece un recorte de su clasificación crediticia”. Precisamente la Dra. Reinhart y el Dr. Kenneth Rogoff -catedrático de Harvard y ex Economista Jefe del Fondo Monetario Internacional- publicaron, hace poco, un trabajo de investigación que resultó de un impresionante repaso histórico sobre las crisis de deuda soberana y bancaria a lo largo de la historia (ver), así como su devastador impacto en la actividad económica y el bienestar. Si se animan a revisarlo, verán que nuestro país pasó, frecuente y recurrentemente, por estas crisis a lo largo de su vida republicana. Paradójicamente, los alumnos superamos a los maestros, que ahora parecen alumnos de inicial: como puede observarse en los siguientes gráficos, las principales economías industrializadas el mundo deben envidiar una deuda pública del tamaño de la nuestra, cuyo pago representa hoy una porción tan pequeña de la actividad económica. El Congreso estadounidense acordó imponer un límite de deuda al Ejecutivo tras la Primer Guerra Mundial. Luego de vaivenes fiscales, en la década de los 90 la situación fiscal de los EEUU se tornó tan positiva que en el 2001 el Congreso pronosticó que para el 2011 se habría eliminado toda la deuda y se habría acumulado un superávit de US$2.7 trillones de dólares. La realidad es que en lugar de ello el año 2011 acaba con una deuda de US$10.4 trillones de dólares. (Leer texto completo) […]

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