Andina/difusión

Mala leche

4 de enero del 2011

El fin de año el Ejecutivo anunció la rebaja arancelaria de 3,401 productos afirmando que ello generará un efecto positivo sobre la economía del país, al permitir la reducción de precios, pero los industriales no recibieron con agrado el mensaje. (Gestión, 04/01/2011)

La reciente reducción de aranceles a las importaciones de 3,401 partidas arancelarias decretada por el gobierno ha motivado tres tipos de reacciones. Una, con la que coincidimos, la reconoce como parte de un proceso sostenido que beneficia a los consumidores, reduce rentas -utilidades extraordinarias obtenidas en mercados poco competitivos- y costos de producción, favoreciendo la competitividad. Otra la resume una frase del presidente de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), quien refiriéndose a los US$ 5.6 mil millones de inversiones identificadas en la industria dijo: “Estas inversiones se ejecutan bajo el supuesto de que existe la seguridad jurídica mínima que garantice el esfuerzo realizado por los empresarios. Sin embargo, observamos que ha sucedido todo lo contrario, de manera sorpresiva y en días festivos”. La tercera, más frecuente en las redes sociales, sostiene que el MEF redujo los aranceles a más de tres mil partidas para beneficiar al Grupo Gloria, el mismo al que se utilizó de excusa para justificar la más reciente tropelía de los piratas del azúcar y sus contactos de alto nivel en el gobierno: la posposición de la venta de un paquete minoritario de acciones del Estado en Cayaltí. Empecemos por las dos últimas reacciones.

Hace más de cuatro años, el MEF publicó los Lineamientos de Política Arancelaria (Resolución Ministerial Nº 005-2006-EF/15) que, citando textualmente una nota de prensa del ministerio, “señalan que ésta se basa en ir reduciendo el promedio y la dispersión de tasas mediante la rebaja de todos los ítems arancelarios o de conjuntos muy amplios de ellos”. Eso es exactamente lo que se hizo: el arancel promedio se redujo de 5% a 3.4% y la dispersión arancelaria -que sigue reduciendo la protección efectiva a la que muchos industriales se hicieron adictos en los setentas y ochentas- cayó de 5.9 a 4.1 puntos porcentuales (ver el siguiente gráfico). A los niveles de aranceles vigentes, creemos que la dispersión es más importante que el arancel promedio: está demostrado concluyentemente que a menor dispersión arancelaria, hay un mayor incentivo a la generación de valor (CD 23/09/2010). No dudamos que los industriales han ido cambiando con el país. Sería ideal que, como muestra de este cambio, orientaran sus esfuerzos a demandar una agenda más activa de reformas que hagan más competitivo al país -infraestructura, innovación, institucionalidad y capital humano- y no a esgrimir argumentos pueriles que defienden las rentas que los aranceles diferenciados les brindan a algunos de ellos.

El argumento más político de las redes sociales también se cae de maduro, ya que reduce un cambio que afecta a más de tres mil partidas a las pocas partidas relevantes para un sector de la industria y para el sector pecuario. Siempre hemos creído que el oligopsonio de industriales lecheros, que lidera Gloria, constituye un riesgo para el adecuado funcionamiento del mercado por su posición de dominio sobre centenas de pequeños productores de leche fresca. Pero los aranceles no son un instrumento adecuado para lidiar con este supuesto problema de competencia. Subir el costo de las importaciones no corrige problemas de competencia en el mercado interno. Tampoco tiene sentido perjudicar a los consumidores, posponiendo una reducción de aranceles, especialmente en un contexto alcista de precios internacionales de la leche, porque los productores no se organizan, por ejemplo, en cooperativas de nueva generación y no apuestan su patrimonio asociándose en la industrialización de la leche y profesionalizando la gestión.

A una economía pequeña como la peruana, que tiene que aceptar como dados algunos precios claves del mercado internacional e importa capitales, le conviene integrarse al mundo. Nos beneficia, a la mayoría de los peruanos, seguir reduciendo aranceles para así pagar menos por los productos que consumimos, por más que la medida confunda a algunos tuiteros e irrite a algunos mercantilistas.

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