Andina/difusión

Instituciones: un gran pasivo

13 de abril del 2011

La estabilidad de un país también depende de sus instituciones. Desempleo, pobreza y violencia son un círculo vicioso según el Banco Mundial. (El Comercio 12/04/2011)

La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) aún no termina de contar los votos que emitimos gran parte de los peruanos, en edad de votar, hace solo dos días y las interpretaciones de los resultados electorales nos vuelven a parecer superficiales e insuficientes. En la campaña, por ejemplo, se dijo que el crecimiento no había beneficiado a los peruanos de ingresos más bajos, lo que es falso. Lo grosero de la falsedad se puede constatar procesando las Encuestas Nacionales de Hogares (ENAHO) que publica el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) y luego avalan académicos de renombre, viajando por nuestro país o hablando con líderes de las partes más olvidadas del Perú. Nuestra interpretación es diferente: los peruanos más pobres si gastaron y ganaron más en estos años, pero siguen viviendo en condiciones infrahumanas. Es un imperativo moral hacer más por ellos. Se puede hacer mucho más, pero ello requiere institucionalizar los programas de inclusión social, tanto los de asistencia social, como los de infraestructura básica o los de desarrollo productivo/empresarial para los más pobres (ver gráfico 1).

Uno de los temas cruciales para entender esta elección o, más importante, por qué es tan complicado que el desarrollo de nuestro país se potencie, es quiénes compitieron por el control de la Presidencia de la República, el Congreso de la República y el Parlamento Andino. No fueron partidos políticos, como lo repiten como loros autómatas que no cuestionan el formalismo de nuestro “orden republicano” la mayoría de periodistas, observadores, analistas y políticos. No hay uno solo en nuestro país. El APRA, lo más cercano a un partido, está partido en no menos de tres facciones: Palacio, “Tío George” y Mantilla. Hay una tremenda dosis de clientelismo en la primera facción. La segunda es una corporación del conflicto de interés, para decir lo menos. El PPC volvió a demostrar tremendas falencias. Los tiros venían de atrás, no de adelante, en buena parte de la campaña. En las elecciones compitieron varios caudillos y un emprendedor político. Las decisiones de los primeros se entienden (mejor) cuando uno considera que tenían que seguir en la brega por consideraciones tan mundanas como la necesidad de arrastrar votos por el Congreso para defender una gestión municipal o seguir remando hasta el final ante la incertidumbre sobre cómo ganarse los frijoles después.

En su más reciente Informe sobre el Desarrollo Mundial, el Banco Mundial parece haber escrito para nosotros: “La fragilidad e ilegitimidad de las instituciones que no están en condiciones de brindar seguridad ciudadana, justicia y empleo pueden suscitar crisis en países aparentemente estables” (ver gráfico 2). Douglas North recibió el Premio Nobel de Economía por escribir trabajos como (Institutions, Institutional Change and Economic Performance). En su análisis, países como el nuestro tienen instituciones personalistas, burocráticas y centralistas, que tienen como objetivo redistribuir, en vez de crear riqueza. Quienes estudiamos políticas públicas, sabemos que sin instituciones no podemos siquiera formular preferencias sociales, al menos no siempre. Es decir, la sociedad no se pone de acuerdo respecto de qué quiere. Si conseguimos formularlas, no podemos vencer los problemas de acción colectiva. En otras palabras, no podemos actuar para corregir un problema de políticas públicas. Para enfrentar ambas restricciones, la teoría reconoce que se requiere de instituciones sólidas.

Adelante fue la única agrupación política que presentó una propuesta de reforma política, que ellos reclamaron como generadora de ciudadanía. Conseguir apoyo político para una propuesta de ese tipo es crucial. Los políticos no lo harán. La agenda tiene que ser impuesta desde afuera, al menos en parte. Salvo honrosas excepciones, las instituciones privadas tampoco son un lecho de rosas. Si bien nuestras expectativas no eran muy altas, no dejó de sorprendernos cómo un grupo de empresarios líderes se mantuvo al margen de la coyuntura política por consideraciones estratégicas, informadas desde Palacio de Gobierno, uno de los grandes perdedores de esta elección.

COMENTARIOS

  1. […] La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) aún no termina de contar los votos que emitimos gran parte de los peruanos, en edad de votar, hace solo dos días y las interpretaciones de los resultados electorales nos vuelven a parecer superficiales e insuficientes. En la campaña, por ejemplo, se dijo que el crecimiento no había beneficiado a los peruanos de ingresos más bajos, lo que es falso. Lo grosero de la falsedad se puede constatar procesando las Encuestas Nacionales de Hogares (ENAHO) que publica el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) y luego avalan académicos de renombre, viajando por nuestro país o hablando con líderes de las partes más olvidadas del Perú. Nuestra interpretación es diferente: los peruanos más pobres si gastaron y ganaron más en estos años, pero siguen viviendo en condiciones infrahumanas. Es un imperativo moral hacer más por ellos. Se puede hacer mucho más, pero ello requiere institucionalizar los programas de inclusión social, tanto los de asistencia social, como los de infraestructura básica o los de desarrollo productivo/empresarial para los más pobres (ver gráfico 1). Uno de los temas cruciales para entender esta elección o, más importante, por qué es tan complicado que el desarrollo de nuestro país se potencie, es quiénes compitieron por el control de la Presidencia de la República, el Congreso de la República y el Parlamento Andino. No fueron partidos políticos, como lo repiten como loros autómatas que no cuestionan el formalismo de nuestro “orden republicano” la mayoría de periodistas, observadores, analistas y políticos. No hay uno solo en nuestro país. (Leer texto completo) […]

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