Andina/difusión

El ruido político y la economía

19 de febrero del 2018
Guillermo Arbe
Semana Económica

 
Voces y Opiniones. La inversión privada depende de más variables que solamente la confianza, afirma Guillermo Arbe, gerente principal de estudios económicos de Scotiabank.
 
Muchas cosas en economía parecen de sentido común. Por ejemplo, que la inversión privada depende de la confianza. Pero el sentido común suele ser simple y lineal. En cambio, la realidad es complicada y multidireccional.

El lunes último, El Comercio publicó un informe conjunto con el IPE (Ruido (político) que sí lastima) que resalta la conocida correlación histórica entre confianza e inversión. Si bien como economista nunca me convenció eso de los ‘espíritus animales’, que me parece un invento para encubrir lo que no se entiende, lo cierto es que los inversionistas son humanos, y es lógico que los sentimientos influyan en su comportamiento. Es lógico, en particular, que el ruido político genere desconfianza en los inversionistas. La pregunta es si ésta es la razón principal para la baja inversión de los últimos años. Hay que considerar que esta desaceleración precede al ruido político actual.

Creo que la razón principal es más pedestre: desde el 2013 la demanda interna bajó luego de la caída de los precios de los metales, y muchas empresas se quedaron con capacidad ociosa después de años de fuerte inversión. Es ésta una situación tangible que no tiene que ver con espíritus animales.

Y tiene una solución: incrementar la demanda interna. Para hacerlo, necesitamos que se reactive la inversión pública. Pero, como observa con razón el artículo citado, el ruido político afecta también a la inversión pública. Lo hace no sólo por la ausencia de líneas claras de política, sino debido a que el ruido político afecta el tiempo, recursos y dedicación que el gobierno requiere para lidiar con las trabas institucionales al gasto público.

En cuanto a la inversión privada, en el 2018 dependerá no sólo de la confianza, sino también del nivel de gasto público y los precios de los metales. Estos factores compensarán al ruido político, de manera que podemos esperar un crecimiento moderado del PBI. Pero esto no significa que lo político no haya hecho daño. Se llevó de encuentro a ministros y a iniciativas y propósitos importantes. Uno se pregunta qué habría pasado si se hubiera dejado trabajar al gobierno.

Un riesgo del ruido político es la incertidumbre que causa en cuanto a la continuidad y la razonabilidad de las políticas. La razonabilidad es importante. Se habla de que el gobierno es débil, pero esto no importaría tanto si tuviéramos una clase política razonable. Esta falta de razonabilidad es riesgosa en especial al enfrentar las situaciones delicadas que abundan últimamente. Un ejemplo es el sector construcción. Necesitamos, como país, un trato inteligente y coordinado entre instancias políticas y jurídicas para que no arrastre a la economía en su conjunto, dado lo interconectado que está dicho sector con el resto de la economía.

Si la situación política se estabiliza, en el 2018 será más importante la inversión pública y los precios de los metales que el ruido político para el crecimiento. Pero también es cierto que el crecimiento sería mayor sin ruido político. Por último, el ruido político tiene otra dimensión, que trasciende lo económico. Afecta al bienestar en forma más general. No es agradable vivir en un país con tanto ruido político. La estridencia, intolerancia, falta de estatura estadista y, muchas veces, simple falta de sentido común que exhibe la comunidad política influyen en la sociedad; son replicadas, dividen, deprimen y calan en la psiquis nacional. La pregunta más general que necesitamos contestar como sociedad es cómo hacer para tener una clase política que actúe sobre la base de la buena voluntad y los intereses de la nación, y no de la confrontación y los intereses partidarios o grupales.
 
Para ver noticia original, haga clic aquí.

Deja una respuesta

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *