ANDINA/Prensa Presidencia

Jugar con fuego

12 de marzo del 2018
El Comercio

 
Existe mucha incertidumbre respecto a las consecuencias económicas de la subida de aranceles para el acero y el aluminio.
 
El último jueves, el presidente de EE.UU., Donald Trump, impuso fuertes medidas arancelarias a las importaciones de acero (25%) y aluminio (10%), aunque dejó abierta la posibilidad de excluir a países aliados sujeto a nuevas negociaciones. Según la administración estadounidense, la medida tiene como objetivos la protección de los productores locales frente a la competencia extranjera y la “seguridad nacional”. Más allá del efecto negativo que se produciría en la economía estadounidense, el reciente anuncio establece un peligroso precedente que bien podría desencadenar una suerte de guerra comercial de efectos imprevisibles.

—El origen—
Las medidas arancelarias se basaron en las conclusiones de la investigación del Departamento de Comercio de EE.UU. para determinar si la importación de acero perjudicaba la economía y la seguridad del país. Según este, el acero es un insumo vital para la actividad económica y para el aparato militar. Sin embargo, es importante destacar que el consumo de acero y aluminio del sector defensa en EE.UU. –relacionado principalmente a la industria militar– solo representa el 1% y el 5% de la demanda doméstica, respectivamente.

Además, el presidente Trump criticó severamente a China por su política de subsidios, que habría devenido en la sobreoferta mundial de acero seguida de una disminución del precio del insumo, lo cual terminó afectando severamente la industria local. No obstante, solo el 7% de las importaciones y menos del 1% del consumo de acero y aluminio de EE.UU. provienen de China.

Adicionalmente, actualmente ya existen medidas que gravan el ingreso de acero y aluminio, principalmente de China. Según el Instituto Peterson de Economía Internacional, el 60% de las importaciones de acero de EE.UU. están sujetas a medidas de protección en distinto grado y, en el caso de China, la cobertura incluye el 90% de dichas importaciones. Por otra parte, respecto al aluminio, el ex presidente Obama presentó entre el 2016 y 2017 una serie de quejas ante la Organización Mundial de Comercio por los subsidios chinos. Producto de ello, las medidas de salvaguardia se endurecieron y las importaciones provenientes de China se redujeron.

—Impacto económico en EE.UU.—
Existe mucha incertidumbre respecto a las consecuencias económicas cuantificables de la subida de aranceles debido a que el Gobierno Estadounidense no ha brindado detalles suficientes acerca de la implementación de la política. Sin embargo, existe consenso respecto a los ganadores y perdedores de la medida en EE.UU.

El esperado aumento de los precios de acero y aluminio beneficiaría a la industria productora de estos insumos, cuyas empresas han saludado la medida y han visto un alza del precio de sus acciones en los últimos días.

Por el contrario, las industrias dependientes de acero y aluminio –que incluyen a algunas de las más grandes de EE.UU. como la automotriz, aeroespacial y de maquinaria pesada– sufrirían el aumento de sus costos de producción.

Se espera que buena parte del aumento de estos costos en las industrias dependientes se traslade al consumidor final. Esto impactará en diversos bienes, desde bebidas vendidas en latas de aluminio hasta automóviles y aparatos electrodomésticos.

El Instituto de Manufactureros de Lata señala, Por ejemplo, que el aluminio constituye aproximadamente 60% de los costos de producción y estima que un incremento de apenas 5% en los aranceles a este insumo les acarrearía costos adicionales por US$1.000 millones por año. “Dados los pequeños márgenes de la industria, los manufactureros no pueden absorber los costos y se verán obligados a pasarlos a los consumidores”, señaló el instituto.

Respecto al empleo, se estima que las industrias perjudicadas por la medida emplean más trabajadores que las beneficiadas. Según investigadores de las universidades Harvard y de California, las industrias dependientes de acero emplean 80 veces más trabajadores que las industrias productoras del metal.

Además, buena parte de la reducción de empleos en la industria del acero en las últimas décadas se explica por la ganancia de productividad de la industria debido a la automatización de los procesos, lo que demanda menos trabajadores. En ese sentido, no se espera un fuerte aumento del empleo en las industrias productoras. De acuerdo a la consultora Trade Partnership, la subida de aranceles creará cerca de 33.000 empleos en las industrias productoras, pero eliminará 179.000 en industrias dependientes; es decir, esta política comercial sería en neto negativa para el empleo de EE.UU.

Asimismo, las consecuencias a escala estatal son heterogéneas y pueden acarrear riesgos a las industrias locales dependientes en acero y aluminio. Según el Instituto Brookings, la participación de las importaciones de ambos metales respecto al total de importaciones en estados como Missouri (7,4%), Luisiana (7,3%) y Connecticut (6,4%) es muy superior al promedio estadounidense de 2%. Asimismo, otros estados dependen fuertemente de la importación de un solo país. Por ejemplo, el 70% de las importaciones de acero y aluminio de Michigan provienen de México y Canadá, y el 41% de las importaciones de acero de Illinois proviene de Brasil.

—Guerra comercial—
La nueva imposición arancelaria se aplicará sobre todas las importaciones, excepto para las provenientes de México y Canadá, debido a que son miembros del tratado de libre comercio de América del Norte. Sin embargo, Trump amenazó con retirar la excepción a dichos socios si no se firma pronto un nuevo acuerdo más favorable para EE.UU.

Por otra parte, en respuesta a las amenazas proteccionistas, la Unión Europea advirtió que aplicaría un arancel “recíproco” de 25% sobre los principales productos de exportación de EE.UU., los cuales representan aproximadamente US$3,5 mil millones. Ante ello, la administración estadounidense respondió que impondría aranceles a la importación de autos europeos –que suman cerca de US$38 mil millones–.

Estas crecientes amenazas representan una peligrosa tendencia hacia una guerra comercial, que llevaría a un fuerte deterioro del sistema de comercio internacional.

El Instituto de Investigaciones Económicas de Múnich (IFO) estimó los costos de un potencial aumento en 20 puntos porcentuales en los aranceles que EE.UU. impone al resto de países y de una respuesta similar en contra de dicho país. Esta guerra comercial implicaría una caída de 38,5% y 30,9% en las exportaciones e importaciones de Estados Unidos, respectivamente. Si además se incluye un aumento de 20% en las barreras no arancelarias –cuotas a la importación, controles sanitarios, fitosanitarios y medioambientales, controles de etiquetado y envasado, controles y trámites administrativos–, la caída se profundiza hasta 73,5% y 58,8%, respectivamente.

Finalmente, más allá del potencial impacto negativo que tendría esta medida sobre el comercio de acero y aluminio en EE.UU., el principal riesgo consiste en el debilitamiento del sistema de libre comercio, que ha explicado gran parte del crecimiento mundial de los últimos 30 años.
 
2018-03-12 - Jugar con fuego - Informe IPE - El Comercio

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