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Trumpismo comercial

24 de julio del 2018
El Comercio

 
Por Roberto Abusada – Presidente del Instituto Peruano de Economía.
 
En poco más de año y medio, Donald Trump, el ‘outsider’ que logró la nominación del Partido Republicano de Estados Unidos, ha impartido un giro radical a la política de su país. Sin cambiar el comportamiento agresivo, polarizador y bravucón que exhibió durante la campaña, Trump viene actuando de manera consistente con sus promesas electorales. Ha impuesto una visión inédita en la política exterior, los impuestos, la política migratoria y, recientemente, una peligrosa política proteccionista de confrontación en las relaciones comerciales con el mundo. Se trata de cambios otrora juzgados improbables en un gobierno del Partido Republicano, tradicionalmente propulsor del libre comercio, en un país caracterizado por tener los sólidos contrapesos de sus ‘checks and balances’ entre los poderes del Estado.

Resulta difícil leer las intenciones de Trump al embarcarse en una guerra comercial contra China, sus propios aliados de Europa y sus socios comerciales del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (Canadá y México). Recién llegado al poder, retiró a su país del Tratado Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés, que incluía a Japón y excluía a China) e impidió la conclusión de otro similar acuerdo con la Unión Europea. Lo aconsejable hubiera sido utilizar tales acuerdos para resolver cualquier disputa con Europa y al mismo tiempo sumar aliados para contener a China.

Después de colocar aranceles del 25% a más de 800 productos chinos por valor de US$34.000 millones, Trump ahora anuncia estar dispuesto a imponer aranceles a todo producto que China envíe a Estados Unidos. El presidente estadounidense se muestra confiado de ‘ganar’ la guerra comercial porque China le vende a Estados Unidos muchos más productos que los que le compra: le vende por valor de US$500.000 millones, pero solo compra US$130.000 millones. Si ambos países se ponen aranceles el uno al otro, piensa Trump, China tiene mucho más que perder. No parece reparar en que si de guerrear se trata, China puede colocar aranceles cada vez más altos a las importaciones desde Norteamérica, además de hacerle la vida difícil a las centenas de empresas norteamericanas que operan en China.

Trump ve el déficit comercial con China como un robo que hay que detener, sin entender que ese déficit se origina en la falta de ahorro de los norteamericanos y sus persistentes déficits fiscales. En otras palabras, su país ahorra poco y consume mucho. Tampoco repara en que el déficit comercial con China no es necesariamente malo, y que este crece en períodos de prosperidad en Estados Unidos. Tampoco sabe que encarecer las importaciones equivale a poner un impuesto a las exportaciones de su propio país, ya que encarece los insumos, las partes y las piezas que tales exportaciones necesitan comprar de otros países para poder incorporarlas en sus productos y exportar competitivamente.

Los primeros aranceles al aluminio y el acero recientemente adoptados sumados a los US$34.000 millones de importaciones chinas ya empezaron a causar estragos en Estados Unidos. Toda su industria metalmecánica ha perdido competitividad, y se están perdiendo más empleos que los que puedan ganarse en la industria doméstica al encarecer los productos importados. También sus consumidores están enfrentando precios más altos. Peor aun, los aranceles con los que China, Europa y Canadá han respondido han sido quirúrgicamente escogidos para infligir daño político, ya que afectan a productos de exportación de las regiones donde Trump obtuvo mayor votación. La nueva amenaza del presidente estadounidense de imponer un arancel del 25% a todos los automóviles y partes y piezas automotrices importados parece ser hecha sin conocer que toda la producción automotriz de Estados Unidos contiene innumerables componentes de muchos otros países, principalmente de Europa, Canadá y México.

El propio presidente de la Reserva Federal (FED) Jerome Powell –quien fue nominado por Trump– ha identificado a la prolongación de un conflicto comercial y la incertidumbre que esta conlleva como uno de los dos riesgos que enfrenta hoy la economía americana (el otro es el deterioro de las cuentas fiscales por la bajada de impuestos). Trump en cambio, en un acto poco común e inconveniente, al parecer ignorando cual es la verdadera misión de la FED, ha criticado la subida de la tasa de interés culpándola de hacer menos competitivos los productos norteamericanos. Trump ha subestimando grandemente el daño de escalar el conflicto comercial. Un mal cálculo, una sobrerreacción por parte de otros países, o cualquier evento relacionado e imprevisible puede desembocar en una recesión global y un enorme perjuicio colateral en todas las economías emergentes. Estas economías ya vienen sintiendo efectos negativos, sea en términos de fuertes devaluaciones, postergación de inversiones, o como en el caso del Perú, la fuerte caída en los precios de exportación de sus metales.
 
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