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Alo ¿MINSA? … sí. por favor, espere…

4 de abril del 2022
Dra. Flor de María Philipps

Este mes de marzo se cumplen dos años desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia causada por un virus nuevo para el hombre, el SARS-CoV-2. Este evento sanitario evolucionó rápidamente en una tragedia mundial ocasionando la pérdida de millones de vidas. Puso al límite la capacidad de respuesta de todos los sistemas de salud y configuró una crisis sanitaria y socioeconómica de proporciones mayúsculas, con especial impacto en países de medianos y bajos ingresos, de la que ciertamente todavía no salimos.

En el Perú recordamos situaciones especialmente dramáticas en cada uno de los tres episodios (olas) que enfrentamos, dejándonos un penoso resultado de más de 200,000 fallecidos. Todos fuimos testigos de la pobre capacidad de respuesta, y por momentos verdadero colapso, de nuestro Sistema Nacional de Salud en todos los niveles de atención, ante lo cual los pacientes tuvieron que esperar, con gran riesgo de vida, para poder acceder a una atención y a los recursos más básicos empezando por oxígeno, camas UCI, pruebas diagnósticas etc.

Más adelante, la adquisición de vacunas junto a un estructurado plan de vacunación que inició en febrero de 2021, la asistencia masiva a los centros de vacunación y la práctica del lavado de manos, uso de mascarilla y distancia social devolvieron cierta esperanza. Lamentablemente esta fue transitorio a la luz de lo que hoy sucede.

De acuerdo a lo presentado por la Defensoría del Pueblo el pasado 23 de marzo en su informe “Riesgos para la salud y la vida de las personas ante la falta de vacunación”[1], el ritmo de vacunación ha disminuido sensiblemente, las dosis diarias aplicadas en el mes de marzo han caído en 35% con respecto al mes de febrero. Asimismo, el ritmo de aplicación de la tercera dosis está en “caída libre”, pasando de 3.9 millones de dosis en enero a cerca de 1.2 millones al 21 de marzo. En resumen, a la fecha el 52% de ciudadanos no ha recibido la tercera dosis, el 21% no ha recibido la segunda dosis y el 13% no ha recibido ninguna dosis. En el marco de responsabilidad del actual gobierno, estas son pésimas noticias.

En tal sentido, la evidente necesidad de reimpulsar y articular mejor el proceso de vacunación, la obligación de movilizar los stocks evitando su vencimiento, la necesidad de afinar la programación presupuestal cerrando brechas de las brigadas de vacunación y de atenciones a pacientes no Covid -que conforman una enorme demanda acumulada- y el deber de insistir con información que persuada a las personas -a través de la generación de confianza y credibilidad- sobre los beneficios de la vacuna son retos que debería liderar el MINSA rindiendo cuentas al país con transparencia y oportunidad. Mientras tanto, los ciudadanos están esperando a que se implementen las medidas correctivas para ejercer su derecho a la protección de su salud.

El siguiente desafío, sin duda, es plantearnos como abordaremos el futuro sanitario de nuestro país. Por lo pronto, la OMS ha informado que los casos Covid han crecido en un 8% a nivel mundial y es imposible asegurar que no debute una nueva variante más agresiva provocando una cuarta, quinta o sexta ola dependiendo de la realidad de cada país, o predecir el plazo y características de una siguiente pandemia, riesgo que habrá que monitorear para no lamentar la pérdida de vidas.

Desde una perspectiva nacional, y aun reconociendo importantes logros en las últimas dos décadas, la lista de pendientes y “por mejorar” para la salud individual y salud colectiva es grande. Desde la oscilante cobertura del programa de inmunizaciones hasta desestigmatizar la salud mental, pasando por grandes desafíos como anemia, TBC, VIH, dengue y las enfermedades crónicas no transmisibles, por citar algunos. Esta lista se amplía con el reto de efectivizar el aseguramiento universal en salud garantizando el acceso, oportunidad, disponibilidad, calidad y aceptabilidad de las prestaciones de salud en las IPRESS[2], en particular las del Primer Nivel de Atención.

Dado que el actual Sistema Nacional de Salud ha resultado probadamente insuficiente, toca reflexionar sobre qué modelo necesitaremos a futuro y qué tanto esfuerzo deberemos desplegar para lograrlo, cómo convertimos ciencia y experiencia en buenas políticas públicas de salud, qué cambios estructurales habrá que introducir, cómo gestionaremos las sensibles diferencias en cobertura prestacional y financiera entre las IAFAS públicas, los retos de la Atención Primaria de Salud, la escasez de recursos humanos y la transformación digital, entre otros.

Convocar, consensuar e implementar un nuevo Sistema Nacional de Salud centrado en el ciudadano, que vele por la salud individual y pública, articulado, integrado, financiado y resiliente es la agenda pendiente que el MINSA debe liderar en el marco de su Rol Rector. Mientras tanto, los ciudadanos seguiremos esperando.

Notas al pie:
[1] Con base en información oficial del REUNIS – MINSA
[2] IPRESS Institución Prestadora de Servicios de Salud, tanto públicas como privadas.

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