Andina/difusión

Enésima amnistía tributaria municipal

01 de febrero del 2011

Las municipalidades de Lima continúan con la costumbre de premiar a los vecinos que no pagan a tiempo sus deudas por impuesto predial y arbitrios. (Gestión 01/02/2011)

Según un informe publicado hoy en la prensa, trece municipios distritales de Lima, en los cuales alcaldes y administraciones ediles acaban de asumir funciones hace solo un mes, ya han planteado amnistías tributarias a los vecinos que los eligieron para gobernarlos. Once -Ate, Comas, Huachipa, Independencia, Jesús María, Puente Piedra, San Luis, San Miguel, Santa Anita, Santiago de Surco y Surquillo- ofrecieron disculpar los intereses moratorios. En cinco de los distritos de este grupo, vale la pena resaltar, la fecha límite para la declaración de impuestos fue ayer (ver recuadro). San Juan de Lurigancho planteó no multar a los omisos en las declaraciones de impuestos. San Martín de Porres, por último, propuso no recaudar el impuesto predial a quienes viven en la “zona de conflicto” limítrofe con Comas, Independencia y Los Olivos. ¿No se pudieron depositar estos impuestos en un fideicomiso, por ejemplo, hasta que se dirima un conflicto de corte medieval en medio de la ciudad de Lima en el siglo XXI?

Como lo sabemos bien, amnistías tributarias de este tipo casi nunca resuelven el problema de morosidad. De un lado, reducen la carga del contribuyente, permitiéndole ponerse al día en sus obligaciones tributarias. De otro, sin embargo, generan tremendos incentivos a no pagar y a esperar la inevitable próxima amnistía. Este problema es lo que la jerga económica denomina “riesgo moral”. Es decir, las amnistías alteran el comportamiento de los contribuyentes porque esperan, razonablemente, que se les perdonarán los impuestos. ¿Para qué pago mis impuestos a tiempo, si es altamente probable que otorguen una amnistía? O visto desde otro ángulo, los buenos pagadores se preguntarán: ¿para que pagué a tiempo si después le volvieron a dar facilidades a los morosos? Estarán menos dispuestos a pagar en el futuro, especialmente si perciben que la gestión municipal deja que desear. Marco Tulio Gutiérrez, director del Instituto Peruano de Administración Municipal (IPAM), coincide. Cree que las amnistías reducen la cartera pesada, pero alientan la cultura de no pago por lo que resultan negativas a la larga.
Más allá de amnistías tributarias, riesgo moral y pago de impuestos municipales, en nuestro país hay tres importantes problemas comunes en las finanzas municipales, en particular, y en las finanzas públicas en general.

Primero, las autoridades olvidan el principio tributario del beneficio, según el cual las personas contribuyen considerando el beneficio que le reportan las políticas públicas. Si, como ocurre, la calidad del gasto municipal tiende a ser bajísima, se busca no pagar impuestos o, en varios de los municipios del Perú, esperar la enésima amnistía. Las administraciones ediles, entonces, deberían priorizar la mejora de la calidad del gasto. Existentes numerosos instrumentos para lograr esto, tales como: 1) Gestión por Resultados -incluyendo líneas de base, evaluaciones independientes y retroalimentación del diseño presupuestal en función del resultado de las mismas-; 2) Control de Gestión -incluyendo el diseño y utlización de indicadores de desempeño, producto, resultado e impacto- y; 3) Alianzas Público Privadas en las que se terceriza y transparenta el diseño y ejecución de la inversión pública. Sin embargo, estos comprobados instrumentos no son muy usados por ignorancia y/o malicia.

El segundo y tercer problema son la falta de correspondencia entre ingresos y gastos municipales y la pereza fiscal (ver gráfico de barras). La falta de correspondencia, el principio más importante de la descentralización fiscal, es posiblemente la mayor falencia de las finanzas públicas subnacionales. Al no recaudar más que una fracción de los ingresos que financian sus gastos, los municipios (o gobiernos regionales) no se preocupan ni por recaudar más, ni por la calidad del gasto. Las transferencias como las hechas por el Fondo de Compensación Municipal (FONCOMUN), por ejemplo, actúan en parte como una droga para las administraciones ediles. La pereza fiscal está asociada a la falta de correspondencia mencionada, pero la trasciende. Algunos impuestos dependen de factores que, en gran medida, están fuera del control municipal. Con el boom del mercado inmobiliario, por ejemplo, el impuesto a la alcabala recauda muchísimo más de lo esperado y, en muchos casos, más que el impuesto predial. ¿Cuál es el incentivo para hacer más eficiente el diseño y la recaudación del predial, entonces? Ninguno. Ya es hora de que los municipios enfrenten los verdaderos problemas fiscales municipales y no busquen soluciones inmediatas que sólo empeoran los problemas del próximo alcalde.

COMENTARIOS

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