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Reflexiones primariosas

08 de febrero del 2011

En los últimos diez años, la economía peruana registró un crecimiento promedio anual de 5.26%, la tercera más alta de los últimos 100 años. Este crecimiento fue impulsado por el sector no primario de nuestra economía -que está conformado por la industria manufacturera, comercio, servicios, construcción, etc.-, que en los últimos siete años creció a una tasa promedio de 7.7%; mientras que el sector primario -conformado por actividades extractivas (minería, hidrocarburos, pesca)- aumentó a una tasa promedio anual de 3.5%. (Gestión 08/02/2011)

La nota más bien contradictoria y confusa que comentamos pareciera reflejar, además, una actitud negativa hacia las actividades primarias. El hecho es que en la última década la tasa de crecimiento de las actividades económicas no primarias (industria, comercio, construcción, otros servicios) más que duplicó el crecimiento de las actividades primarias, lo cual se refleja en el primer gráfico. Por ello, podemos afirmar que la importancia económica de las actividades no primarias ha aumentado en los últimos diez años.

El Profesor Bruno Seminario de la Universidad del Pacífico (UP), proyectó la evolución de los principales sectores de la actividad económica hasta el año 2016 (ir al blog). Según sus cálculos, la participación económica de los sectores primarios (minería, hidrocarburos, pesca, agricultura) aumentaría sólo ligeramente (en 0.6 puntos porcentuales) entre los años 2010 y 2016, pasando de 23.4% a 24.0% del total de la economía, con lo cual seguiría explicando menos de la cuarta parte de la actividad económica.

El segundo gráfico muestra como los sectores primarios son, de lejos, los más importantes cuando consideramos las exportaciones peruanas. Los bienes que más le vendemos al mundo son oro, cobre, productos agropecuarios y petróleo, aunque cabe destacar que en los últimos años (ver tercer gráfico) el aumento en estas exportaciones se ha debido principalmente al aumento de los precios de exportación y no tanto de su volumen.

La primera reflexión que cabe al considerar las cifras históricas del Profesor Seminario -aunque deberíamos referirnos a un trabajo que publicaron los Profesores Arlette Beltrán y Felipe Portocarrero de la UP hace años (ver documento) – es que la importancia de los sectores primarios ha cambiado poco en el tiempo. El motivo de esto. es simple: nuestro país tiene lo que los economistas llamamos una dotación de recursos naturales notable. Dispone de numerosos tipos de recursos naturales, algunos de los cuales están presentes en cantidades muy relevantes. No debe llamar la atención ni preocuparnos, entonces, que los sectores primarios sean tan importantes en las exportaciones y en la economía.

En estos años el Perú se está beneficiando del llamado superciclo de precios de los metales, el cual responde a la industrialización y al aumento de ingresos en China y en Asia en general. Este fenómeno nos presenta una oportunidad extraordinaria. Podemos aprovechar parte del boom de inversión y de ingresos fiscales que genera para financiar la transición a un desarrollo económico más balanceado -y guardar otra parte para cuando las vacas estén más flacas en el Fondo de Estabilización Fiscal y otro(s) fondo(s) soberano(s). O podemos, como lo estaría planteando más de uno de los candidatos en el circo de la campaña electoral, matar a la gallina de los huevos de oro por ignorancia y/o malicia. El superciclo de los metales no durará para siempre. La política de un solo hijo y la autocracia le pasarán la factura a los planificadores centrales chinos: la población envejecerá rapidísimo ¿Aprovecharemos la oportunidad que tenemos?

Un muy errado lugar común en la discusión sobre las actividades económicas primarias es que “no generan valor agregado”. Esta percepción equivocada nace de visiones decimonónicas del desarrollo, cuando la discusión era entre agricultura tradicional e industrialización. En la realidad de este siglo, cuesta trabajo entender cómo se genera más valor que al aplicar nuevas tecnologías para convertir un cerro que tiene el oro diseminado (del orden de un gramo de oro por tonelada material) en una de las minas de oro más importante del mundo.

¿Por qué no se refina más en el Perú? es otra pregunta constante. La respuesta es bastante clara. En primer lugar, en el mundo de hoy, en general, la refinación no es muy buen negocio porque existe exceso de capacidad de refinación en varios de los productos mineros globalizados. Segundo, la refinación es un proceso intensivo en energía. El Perú no ha sido históricamente un país rico en energía barata. La reciente disponibilidad de cantidades probablemente muy grandes de gas relativamente barato pueden -y están- cambiando esta realidad. De mantenerse la oferta de energía barata, y si mantenemos la confianza de los inversionistas, no se tenga duda que gradualmente la refinación se ampliará en el Perú. Sin embrago, debe quedar claro que la refinación crea mucho menos valor que la minería: basta observar cuánto se paga por una libra de cobre o zinc minado y la pequeña fracción que agrega en valor el refinarlo.
En resumen: ni nos estamos “re-primarizando” ni las actividades primarias son de poco valor agregado. Un desarrollo relativamente balanceado es deseable y es lo que es razonable prever para nuestro futuro. Antes de tomar posiciones erradas y anticuadas habría que realmente entender nuestra realidad para discutir sobre las cosas que realmente importan y no sobre fantasmas producto de la ignorancia o la malicia.

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