Gestión

Economía del Agua I (para cachimbos)

22 de marzo del 2011

Hay escasez del recurso hídrico en la vertiente del pacífico. Agroindustria requiere medidas urgentes para mejorar uso del agua. Sector agrícola consume 80% del agua disponible en el país, según ANA. (El Comercio 22/03/2011)

En el Día Mundial del Agua, autoridades y especialistas se pronunciaron sobre el tema, como es natural. Específicamente, se concentraron en el tema del uso del agua para riego agrícola, al que se destina el 80% del agua (ver gráfico). La Autoridad Nacional del Agua (ANA) rompió fuegos, anunciando que la brecha de infraestructura de agua de riego, en la terminología y tradición del Instituto Peruano de Economía (IPE), asciende a US$ 8.9 mil millones. Es decir, esta es la inversión que se requiere para utilizar adecuadamente el agua de los ríos de la Amazonía, construir presas en la costa, rehabilitar tierras salinizadas, mejorar el uso de aguas subterráneas y prevenir el desborde de lagunas y ríos. Esta cifra es mayor que la que se necesita para cerrar le brecha de asegurar agua potable, saneamiento y tratamiento de aguas servidas.

Carlos Pagador, jefe de la ANA, sugirió imponer un Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) al agua. Fernando Cillóniz, de Inform@cción, señaló que no se debería diseñar el impuesto en función de la extensión de los predios, sino del consumo de agua. Finalmente, Ana María González, Viceministra del Ministerio del Ambiente, dijo que es necesario adoptar mejores tecnologías, como el riego por aspersión o el riego por goteo para el uso óptimo del agua en el sector agricultura. Agregó que es importante promover el tratamiento de aguas servidas y el reuso de aguas domésticas, sobre todo en la costa peruana, que cuenta con menos del 1.8% de los recursos hídricos del país pero concentra el 65% de la población (ver gráfico).

El desarrollo rural requiere de la intervención del Estado, tanto por consideraciones de eficiencia -ya que se tiene que corregir fallas de mercado para, por ejemplo, construir infraestructura- como equidad -un tercio de peruanos que viven en las zonas rurales son pobres extremos, para citar un dato-. La mayoría de mecanismos de intervención elegidos en nuestro país, sin embargo, han sido groseramente ineficientes e inequitativos (CD 26/01/2011). Lo que sí han promovido, masivamente, es clientelismo político. Crédito subsidiado para los amigos del régimen, refinanciamiento de deudas para seguir promoviendo la cultura del perro muerto, exoneraciones tributarias que no llegan a sus beneficiarios, subsidios a los productores de los gremios cuando lideraban las convenciones de gremios, bandas de precios que favorecían principalmente a los intermediarios, entre otras, han sido las categorías de medidas inefectivas usada una y otra vez.

Proveer infraestructura básica como la mencionada es claramente función del Estado. Alianzas Público Privadas (APP) diseñadas por asesores privados experimentados elegidos en concursos públicos internacionales permitirían cerrar las dos brechas del agua de manera eficiente y expeditiva. Cobrar el costo de producir, transportar y distribuir el agua sería indispensable. El argumento típico: los pobres agricultores no pueden pagar el costo del agua se soluciona fácilmente y de manera mucho más eficiente que regalándole agua a todos los agricultores. Se subsidia directamente a los agricultores de menores ingresos, focalizando la intervención con el Sistema de Focalización de Hogares (SISFOH). Además, se publica el padrón de beneficiarios, para reducir aún más las posibilidades de clientelismo político. No se subsidia el agua a medianos y grandes productores, porque este subsidio lleva ¡oh sorpresa! a un uso ineficiente de este escaso recurso.

Estamos completamente de acuerdo con Fernando Cillóniz. El impuesto, si lo consideramos como una medida inicial, busca incentivar el uso eficiente del agua. No tiene sentido, por ello, que dependa del tamaño de los predios agrícolas, lo cual además complicaría tremendamente su cobro. Ese diseño parece otra reminiscencia de la mentalidad Reforma Agraria de buena parte de los funcionarios que trabajan en el sector o, vale la pena recordarlo, en las Juntas de Regantes. La forma correcta es otra, creemos. Se podría crear un cargo (¿una regalía?) por el uso del agua, el cual generaría los recursos necesarios para obras que permitan mejorar el uso y el acceso al agua, posiblemente en las mismas cuencas. Buscar un uso eficiente del agua, así como las inversiones necesarias para permitirlo, es anticiparnos a la realidad de creciente escasez que en caso contrario viviríamos en la medida en que se expanda el uso del agua y se intensifique el cambio climático. Con un pago como el mencionado, como ejemplo, Majes Siguas II permitiría financiar las obras de afianzamiento hídrico en Espinar y el proyecto no sufriría las resistencias y demoras que hoy enfrenta. Hay que aprender a valorar y pagar los recursos escasos que utilizamos.

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