Andina/difusión

Toledo y las exoneraciones

24 de septiembre de 2002

Con tanto disparo al pie, no llegaremos lejos

• El presidente Toledo anunció ayer en Iquitos que el gobierno no eliminará las exoneraciones de la selva. “Las decisiones las tomo yo y no vamos a permitir que la burocracia intermedia trate de obstruirlas”, dijo. Agregó que cualquier propuesta para eliminarlas es “irresponsable” porque, a su criterio, estos mecanismos sí benefician al pueblo de Loreto.
• Esta mañana, el titular del MEF, Javier Silva Ruete (JSR), aclaró que el mandatario se refirió a que “hoy” no se ha eliminado las exoneraciones tributarias y que lo publicado hoy en la prensa se trata de “un problema del manejo del tiempo de los verbos”. JSR señaló que sólo el Congreso puede eliminar las exoneraciones tributarias y expuso su opinión sobre las mismas: “en términos racionales no generan ningún crecimiento de la economía”, pues “no hay desarrollo con exoneraciones tributarias”. Con este argumento subrayó que una “gran parte” de las exoneraciones existentes “no tienen utilidad” para el beneficio de las regiones. De otro lado, afirmó que el FMI ha comprobado que de ninguna manera el déficit fiscal será mayor al 2.3% del PBI y llamó “cirujanos que nunca han operado” a quienes pronostican lo contrario, agregando que “es como si [el Fondo] les hubiera dicho cállense y no hablen tantas sonseras”.
• De otro lado, el ministro de la Producción, Eduardo Iriarte, afirmó que las exoneraciones en la selva deben ser revisadas de manera inmediata, ya que, de lo contrario, no habrá recursos para invertir en la infraestructura que tanto necesita esa zona del país.
• El congresista Rafael Aíta (UN), vicepresidente de la Comisión de Economía del Congreso, opinó que “es favorable mantener las exoneraciones porque es una zona atrasada económicamente. Su eliminación afectaría el empleo, pero el gobierno debe verificar si se beneficia a estos departamentos o a un grupo de empresarios que traslada la gasolina a otras ciudades”.
• Nos parece preocupante lo expresado ayer por el jefe de Estado. En primer lugar, porque superpone su propio criterio al de los técnicos que lo rodean, entre ellos SUNAT, el MEF y especialistas de todas las tiendas, incluyendo analistas locales y de bancos de inversión extranjeros. Segundo, porque desautoriza a su personal, del cual se expresó casi despectivamente. Tercero, porque el grado de dependencia del gobierno respecto al reclamo callejero alcanza niveles alarmantes. Finalmente, porque constituye otro “disparo al pie”, ad portas de una elección regional que podría resultar difícil de por sí, con lo cual se complicaría una futura negociación con las regiones para eliminar las exoneraciones. ¿Cómo eliminarlas más tarde si el presidente afirma que “benefician al pueblo” de Loreto? ¿Cómo plantear el tema luego, si ya se comprometió a no tocarlas? El presidente acaba de “justificar” el “Iquitazo”.
• Es hora de que quien toma este tipo de decisiones asuma la responsabilidad de las consecuencias fiscales a las que nos está conduciendo. Porque no es correcto ir a los EE.UU. y afirmar que no se caerá en populismo, para luego venir a las provincias y hacer exactamente lo que se ofreció no hacer, con el único fin de evitar una mayor beligerancia de algunas zonas del país, durante el programado paro nacional del 26 de setiembre. Los tratamientos especiales son populismo, aquí y en todas partes. Los beneficios a unos pocos (que no incluyen a la gran mayoría de la población amazónica) los pagamos todos. Sería más productivo un subsidio directo que las actuales exoneraciones ciegas, aprovechadas mayormente por contrabandistas de combustibles.
• Mientras en Colombia, el Congreso piensa en congelar el gasto por dos años y poner un tope a los salarios de los más altos funcionarios del gobierno para ayudar a cubrir el déficit de este año, estimado en más de US$3 mil millones, en nuestro país insistimos en mantener gastos tributarios que no se justifican, generan distorsiones y benefician a muy pocos. Los organizadores de las protestas saben ahora qué deben hacer para satisfacer sus demandas: amenazar con protestas “pacíficas” y salir a las calles a quemar llantas. La fórmula ganadora.

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