Andina/difusión

“Plan Bicentenario” o de cómo los planificadores no planifican

27 de junio del 2011

Incluye 88 programas estratégicos, convertidos en políticas de Estado, que conducirán nuestros objetivos como nación hacia el 2021, fecha en que nuestro país cumple 200 años de su fundación republicana. (RPP 27/06/2011)

El Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (CEPLAN) ha empezado a difundir el denominado, de modo rimbombante especialmente considerando lo que contiene, Plan Bicentenario (ver). Debemos admitir que se nos escarapeló el cuerpo al oír a Agustín Haya de la Torre en una radio nacional esta mañana, diciendo que el Plan es vinculante para todas las entidades del sector público. Ya hemos comentado versiones preliminares de este documento, tanto para los lectores de IPEopinión, como en reuniones convocadas por CEPLAN o en discusiones organizadas en el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). No hemos identificado que en el documento final se haya recogido ninguna sugerencia, ni las formuladas por el IPE ni las que formalizó el MEF. Entendemos que otros centros de investigación, universidades y consultoras han tenido una experiencia similar. En otras palabras, el CEPLAN consulta para decir que se consultó, no porque se tenga un interés genuino en recoger opiniones, sugerencias o críticas de terceros. Antes de comentar dos o tres ejemplos de los problemas que se repiten en el listado de buenas intenciones que es el Plan, queremos precisar los problemas de fondo que sugieren que el proceso estuvo mal encaminado por una institución que, no nos cabe duda, no está capacitada para elaborar el plan estratégico de una economía emergente en el siglo XXI (ver gráfico 1).

Primero, CEPLAN no precisa cómo se dividen las responsabilidades del Estado y del sector privado ni cuáles son las fallas de mercado que demandan la intervención del Estado. Recordemos que la teoría económica es enfática en que el Estado debe intervenir cuando hay fallas de mercado. Tampoco define cómo el enfoque de derechos que inspira al Plan justifica que el Estado intervenga en la economía y recordemos que la teoría económica no precisa cuánta eficiencia se debe sacrificar para ganar en equidad, esta es una decisión política.

Segundo, el plan no prioriza. El que se planteen casi una treintena de programas sociales “prioritarios”, por ejemplo, determina que en realidad no hay priorización. Sin prioridades no puede funcionar un Estado con escasos recursos y el plan se convierte en un inútil listado de buenas intenciones.

Tercero, el plan no costea las propuestas que incluye y por ello, menos se precisa cómo se financiarán. Un plan sin presupuesto ni fuente de financiamiento es, nuevamente, un listado inútil de buenas intenciones.
Cuarto, no se precisan los instrumentos de política que se utilizarán para conseguir los lineamientos, objetivos o acciones estratégicas del plan. Una vez más, si no se sabe cómo se van a lograr los objetivos volvemos al listado inútil de buenas intenciones.

En cuanto a los ejemplos ilustrativos de los problemas que origina un documento con los defectos arriba señalados, empecemos por el llamado Eje Estratégico 2, “oportunidades y acceso a los servicios”, “dotar a las instituciones educativas de todos los niveles y formas de conectividad y equipamiento TIC e impulsar su uso en los procesos de aprendizaje” tiene la segunda prioridad, mientras que “reducir la mortalidad infantil y materna y erradicar la desnutrición infantil y de las madres gestantes”, tiene la cuarta prioridad. No nos queda claro cómo puede existir tal confusión: la que obviamente debe ser la principal prioridad de las políticas públicas no puede estar subordinada a otras.

Otro problema que también resulta preocupante es lo que suponemos es una reminiscencia del INP: calificar de “estratégicos” a ciertos recursos naturales. ¿Cuál es el resultado práctico de este calificativo? ¿Quieren decir sólo que son muy importantes o que por algún motivo no explicado deben tener algún tratamiento especial, o que hay que protegerlos de un eventual invasor externo?

Como ocurre en el Estado, el Plan recoge a veces dos visiones sobre el mismo tema. En la sección de relaciones exteriores, por ejemplo, se prioriza la integración a América Latina, especialmente a las regiones andina y sudamericana. En la sección económica, en cambio, sí se rescata la estrategia de integración al mundo en la que está embarcado exitosamente hasta la fecha nuestro país.

Otro ejemplo de los problemas del plan son algunos de los indicadores de los cuales el más alejado de la realidad nos pareció el que sostiene que en sólo diez años el Perú, de estar entre los últimos, estará primero en América Latina en todos los componentes del Índice Mundial de Gobernabilidad (ver WGI) del Banco Mundial (ver gráfico 2). La falta de seriedad en un tema de tanta importancia es un buen indicador de la calidad del documento del CEPLAN.

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