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Columnas de opinión

Regionalismo improvisado nos pasa la factura

29. 02. 2008

29 de febrero del 2008.

El presidente regional de Puno, Hernán Fuentes, declara a la hoja de coca patrimonio cultural a través de un ordenanza regional para evitar su erradicación, solicitando además al Ejecutivo que despenalice su cultivo y que retire al Perú de la Convención de Viena. (Gestión, 29/02/2008)

La rebeldía del presidente regional de Puno ni siquiera es original: durante el gobierno de Toledo, Cusco y Huánuco intentaron el mismo mecanismo para proteger el cultivo de la hoja de coca. En ambas oportunidades la norma fue declarada inconstitucional por el Tribunal Constitucional. Mientras tanto, el actual presidente regional de Cusco continúa en su intento de imponer su visión aversa a la inversión privada en el sector turismo en el resto del país y los gobiernos regionales de Tacna y nuevamente Cusco emiten ordenanzas para no acatar el proceso de contratación de docentes a través de la evaluación planteada por el Ministerio de Educación. Es evidente que estos personajes tienen una imagen errada de los límites de sus funciones y de sus labores.
El documento Hacia un territorio mejor organizado de USAID llega a la conclusión de que la regionalización en el Perú requiere un nuevo enfoque. Un grave problema es que no hay un ideal común de cómo debería ser una región y cuáles deberían ser sus funciones. En ese sentido el documento recomienda retomar el proyecto de conformar una región modelo que muestre los beneficios de la integración, así como repasar los incentivos para la conformación de las regiones. Por su lado, el paper Decentralization and the provision of public services del Banco Mundial muestra que la descentralización por sí sola no trae beneficios por los riesgos implicados, a menos que haya un capital humano e instituciones de calidad que aporten al proceso.
Un país como el Perú no puede funcionar con tantos presidentes regionales (CD 14/02/2008). La improvisada y fácil forma por la que el gobierno anterior le cambió el nombre a los departamentos y los elevó de nivel a regiones, con sus respectivos gobiernos subnacionales, definitivamente no está resultando la más acertada. Un país con la economía que tenemos ahora, si bien es creciente, aún es pequeña en términos internacionales y no se puede dar el lujo de tener 26 gobiernos regionales. Deberíamos tener máximo cinco, para lo cual se tienen que generar no solamente los incentivos para la integración, sino además el capital humano suficientemente preparado como para estar a la altura del reto. Personal que esté listo para dirigir las regiones en la misma dirección y no cada una para su lado.

Perú: Índice de percepción de beneficios de la descentralización por departamenteos, 2007

Fuente: CIES / Elaboración: Instituto Peruano de Economía

La percepción de los beneficios de la descentralización es bastante baja (el máximo valor para este índice es de 20). Ni las políticas ni los instrumentos son suficientes para sostener este proceso, si es que no se ven resultados positivos. Por ello, se debe replantear el proceso, aunque demande más esfuerzo, y así crear verdaderamente más oportunidades de desarrollo para todos.