Bajísimo nivel de la Educación; el Estado debe replantear su rol

10 de enero del 2011

La reciente Evaluación Nacional (EN 2004) realizada por el Ministerio de Educación (Minedu) demuestra que la mayoría de maestros no domina las habilidades lectoras y matemáticas básicas requeridas para enseñar en sus respectivos niveles. Es más, según la prueba, una cantidad significativa de docentes evaluados sólo puede resolver las tareas más elementales. (Minedu)

Los resultados revelados por el Minedu la semana pasada confirman lo que nos mostró PISA 2000 (y que, entendemos, originó la salida de Perú de ese programa de evaluación conducido por la OCDE): tenemos un paupérrimo nivel en la calidad de la educación. Otra confirmación importante (adelantada por la evaluación del 2002 a más de 95,000 maestros para ocupar 30,000 plazas docentes, con resultados tan malos que obligaron al gobierno a aplicar un factor de corrección para poder cubrir las plazas vacantes) es que la mayoría de docentes no entiende lo que lee (tiene serias dificultades para interpretar la relación entre dos o más ideas y evaluar su coherencia) y apenas puede resolver una operación matemática (80% no domina la matemática y no puede resolver ejercicios indirectos de dos y tres etapas).

Pero quizá lo más importante de la evaluación es que comprueba la relación entre el nivel del maestro y el de sus alumnos: los alumnos de profesores más capacitados obtuvieron también mejores resultados. Si bien es cierto que se debe reevaluar la estrategia de capacitación docente, también es cierto que se debe hacer algo aún mucho más radical con la etapa de formación del docente. No es posible que la política actual consista en formar para enseñar lo que NO se domina (sólo 30% del tiempo de formación se dedica a las disciplinas científicas que los futuros maestros van a enseñar). Tampoco es serio que se formen entre 15,000 y 18,000 docentes por año, cuando el sistema requiere sólo de 3,000.

Dada la importancia de la educación para el desarrollo, es urgente reformar el sistema. Es evidente que los recursos públicos destinados a educación no han sido adecuadamente utilizados, no han llegado a quienes deberían llegar y no han generado los resultados esperados. La solución a esto no puede seguir consistiendo en aumentos indiscriminados de sueldos, pues con eso se premia a profesores malos, que al parecer son la mayoría. Necesitamos mejorar la eficiencia del gasto en educación, la estructura organizativa del sector y la legislación para la contratación de maestros, así como generar un sistema de incentivos que premie la eficiencia y la innovación, en lugar de tratar a todos por igual. El Estado debe centrarse únicamente en el financiamiento y en la regulación, dejando de lado la provisión y entregando el manejo de las escuelas a la comunidad.

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