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Crónica de unas muertes anunciadas

16. 03. 2023

Columna de Miguel Palomino, presidente del IPE, publicada en La República.

Casi podría ponerle el mismo título a esta columna que a una que publiqué hace dos semanas y casi por los mismos motivos (“Todos los meses de marzo”). Pero, con el perdón de Gabriel García Márquez, es más apropiado titularla “Crónica de unas muertes anunciadas”, ya que ha habido, como las hay todos los años, numerosas vidas perdidas. Algunas (o todas) podrían haber sido salvadas si no fuera por la eterna lucha contra dos de los más característicos males de la burocracia peruana: la improvisación y la desidia.

Durante los últimos años, casi dos tercios del presupuesto que existe en el Perú para la prevención de desastres es manejado por los gobiernos regionales y municipales. Así que si uno quiere criticar al Gobierno, mejor que lo haga con los municipios o los gobiernos regionales, que están más cerca de casa. Más aún, estos mismos gobiernos regionales solo gastaron a lo largo de los años poco más de la mitad del presupuesto que tenían; es decir, no sabían cómo ni en qué gastar la plata que les daban.

Vayamos a las regiones hoy más afectadas por las lluvias. Tumbes ejecutó menos de la cuarta parte de su presupuesto de prevención de desastres entre los años 2019 y 2022. Áncash ejecutó el 39% y Lambayeque el 44%. Más acuciosos fueron Piura y La Libertad, ambas regiones gastaron el 70% de sus respectivos presupuestos. ¡Pero eso deja casi un tercio sin gastar donde eran desesperadamente necesarios!

Miremos en más detalle el caso de La Libertad, que es menos escandaloso. En medio de la ciudad de Trujillo existe la quebrada de San Idelfonso que siempre se activa, en mayor o en menor medida, cuando hay lluvias. Cuando hay lluvias fuertes, la quebrada de San Idelfonso inunda medio Trujillo.

Cuando ocurrió el último Niño Costero del 2017, y se inunda medio Trujillo, se creó una partida presupuestal para la “creación de servicios de protección en inundaciones en la quebrada de San Idelfonso”. Se declaró la viabilidad de dicho proyecto en mayo del año 2019, a los dos años, aproximadamente, de que ocurrieron los sucesos que lo motivaron.

Desde un inicio, este proyecto fue parte del Plan Integral de Reconstrucción con Cambios (Pircc), pero el Pircc no era la unidad ejecutora, lo eran los gobiernos regionales y municipales. Recién en junio del año 2020 (ante la inoperancia de estos) se le da el título de unidad ejecutora; es decir, el Pircc era directamente responsable de que salieran adelante los proyectos. En junio se firma el contrato de Gobierno a Gobierno con Gran Bretaña (que fue, en términos peruanos, un gran paso adelante).

Lamentablemente, la pandemia puso trabas al avance rápido de proyectos y se tuvo que hacer frente a la fuerte inflación. El costo se elevó de S/222 millones a S/319 millones.

¡Cuatro años después del último gran suceso! Pese a la pandemia, se ha logrado gastar más del 30% en menos de un año (cifras al 12 de marzo del 2023). Pero la quebrada de San Idelfonso se volvió a llenar y volvió a causar las mismas tragedias de ayer (quizás un poco menos de lo que hubieran sido). Nuestros tiempos de respuesta ante las emergencias son atroces. Y que quede claro que este es un caso de éxito dentro del aparato público.

Otro motivo que afecta obras de descolmatación de ríos y quebradas es el componente de “cambio” en la Reconstrucción con Cambios. El cambio suponía entre otras cosas que a las poblaciones vulnerables se les restringía volver a ocupar las zonas de avenidas. ¿Pero qué Gobierno va a querer eso volviéndose impopular? Así, el Pircc solo dedicó menos de la cuarta parte de sus cursos a descolmatar ríos y a hacer defensas ribereñas, ¡cuando son estas el origen del problema! Es muy difícil avanzar si las autoridades se atemorizan y los mismos pobladores insisten en regresar a su lugar de morada.

Hasta que no aprendamos a ocuparnos de los problemas más graves y enfrentar a la improvisación estatal, no podremos resolver los problemas que más nos aquejan.

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