¿El fin del milagro peruano?

25 de julio del 2019
El Comercio

Columna de Roberto Abusada, presidente del Instituto Peruano de Economía.

En el año 2013 el Perú perdió el título de estrella económica latinoamericana. Todo aquello que promovía al aumento del bienestar de sus habitantes empezó a decaer. Una época dorada de veinte años de crecimiento a ritmo promedio de 5,4% llegó a su fin y con ello el país retornó a una ‘nueva normalidad’ de mediocre progreso. El final del proceso de rápido crecimiento de la economía resume de manera admirable ese deterioro: la pobreza empezó a disminuir mucho más lentamente (o a aumentar como en el 2017), se crearon cada vez menos empleos formales, cesó el aumento vertiginoso del consumo y finalmente, buena parte de la nueva clase media empezó a manifestar signos de vulnerabilidad.

Los economistas repiten constantemente que la condición indispensable para crecer vigorosamente es el tener cimientos económicos sólidos. Esta solidez sigue hoy vigente y se expresa en el bajo nivel de deuda, enormes reservas internacionales, el déficit fiscal bajo control, inflación muy moderada, acceso privilegiado a los mercados internacionales de crédito y una plena integración comercial al mundo.

Estos fundamentales requisitos, sin embargo, no son suficientes si se desea sostener un crecimiento dinámico. Se requieren condiciones adicionales que permitan definir un ambiente favorable a la creación de riqueza. Es allí donde el Perú ha enfrentado serias dificultades. No se han efectuado imprescindibles reformas económicas. Peor aun, se han verificado graves retrocesos institucionales en las esferas de la política, la seguridad ciudadana y en el sistema de justicia. Tampoco se ha abordado la espinosa tarea de reformar la agobiante e ineficiente maraña regulatoria causante del deterioro del ambiente de negocios y creación de riqueza.

Todas estas carencias se han reflejado en un único y alarmante resultado: la caída del crecimiento potencial de la economía. Este dato indica con relativa certeza la velocidad de crecimiento que se puede sostener si se utilizan plenamente los recursos físicos y humanos de que dispone el país. La caída ha sido estrepitosa: desde más del 6% hace tan solo una década hasta el potencial actual que se sitúa alrededor de solo el 3,5%.

En la década que antecedió al año 2014 la economía creció 6,4% por año. Es decir que no solo alcanzó su potencial, sino que en algunos años lo superó, en parte debido a factores internacionales favorables. Este año, sin embargo, no alcanzaremos siquiera nuestro deteriorado potencial de 3,5%. Los datos del crecimiento mensual publicados para los cinco primeros meses del año muestran una economía que crece a tasa anual de 1,48%. Es decir, se requeriría que el resto del año la tasa mensual promedio se eleve hasta el improbable nivel de 4% para alcanzar un crecimiento de 3% en el 2019.

Ante estos hechos, tenemos que reflexionar muy seriamente acerca de dos temas fundamentales: qué ha hecho que el crecimiento potencial del Perú haya descendido de más del 6% al 3,5%, y adicionalmente, tratar de explicar por qué este año no se alcanzará al menos el pobre potencial de 3,5%.

Se pueden identificar, en mi opinión, cuatro causas primordiales para explicar en el tiempo el deterioro del potencial del crecimiento del país. La primera está dada por la creciente dificultad de trasladar recursos físicos y humanos desde lugares poco productivos a sectores con mayor productividad. Es cada vez más difícil, por ejemplo, emplear formalmente o sustituir tierra agrícola de poca productividad por cultivos de alto valor. La segunda está relacionada con la maraña regulatoria en multiplicidad de agencias de los tres niveles de gobierno. La tercera proviene de las fallas gubernamentales y empresariales para llevar adelante numerosos proyectos mineros y de hidrocarburos. La cuarta tiene que ver con la falta de control del territorio producto de una descentralización fallida que ha acabado con el carácter unitario de la nación. El país ha devenido ingobernable por la incapacidad del poder central en ejercer su rectoría sobre las políticas nacionales que en muchos casos es usurpada por gobiernos regionales que no responden a una visión compartida de país o al menos a la orientación de partidos nacionales. En las últimas elecciones regionales 111 de las 196 provincias cayeron en manos de una miríada de precarios movimientos regionales.

Finalmente, el insólito fenómeno de obtener este año un crecimiento inferior al ya magro potencial, solo se puede explicar por aberrantes hechos políticos y la calidad de las políticas públicas. Ello ha dañado la confianza empresarial y la del consumidor. Adicionalmente, la falta de un equipo elemental de gerencia que acompañe al primer mandatario ha resultado en la estrepitosa performance de la inversión pública.
 
2019-07-25 - El fin del milagro peruano - Roberto Abusada Salah - El Comercio

COMENTARIOS

  1. La regionalización del país trajo como consecuencia el empoderamiento de los caciques regionales de tal manera que ahora el país esta partido,somos una república unitaria pero tendemos a la descentralización que estuvo mal hecha quiza seria bueno que el próximo gobierno se dedique a exclusividad a atender la implementación tecnológica,de gestión económica de una parte del país p.ej la mas atrasada como el trapecio andino luego cuando camine sola se pasaría a otra region y asi en lo sucesivo.Como no hay honestos busquemos a las personas mas creibles.P.ej un comunicador social,un destacado economista y una persona que ya halla hecho gestión de gobierno.Una terna así para el 2021.

  2. No sé si son cuatro o cuatro mil las causas para que el Perú que hace vibrar en un estadio a menos de 30 millones de personas (porque hay que aceptar que hay algunos poco patriotas), salga adelante. También podríamos resumir todo en una sola palabra: corrupción, o en una frase de la que esta palabra debería devenir etimológicamente: falta de educación en valores.
    Y si eso es lo que falta, deberíamos concentrar todos los esfuerzos en esa dirección: EDUCACIÓN EN VALORES. Los árboles que se van quemando en medio de un incendio forestal son irrelevantes y sólo hay que esperar a que se destruyan mientras generamos barreras de contención: VALORES “a prueba de balas”, a prueba de ambiciones de poder . Pasé mis primeros 25 años esperando una oportunidad. Llegó a los 90 y ahora, a mis 50, veo cómo se desvanece en manos de quienes permitieron que esa oportunidad creciera artificialmente sobre sus manos, sin raíces profundas arraigadas a la tierra Peruana… a la SOCIEDAD. Tengo 2 hijos alrededor de los 20. Uno estudiando en Alemania (¡Ah, qué tal país!) con la ilusión de traer tecnología algún día al Perú. El menor, periodismo. Para contribuir a echar más fuego a los árboles incendiados, para que se quemen pronto y dejen de seguir contaminando los pulmones de los niños y jóvenes de nuestra sociedad.
    Como buen agnóstico, no creo en los “milagros”.
    En estas fechas… revivamos un verdadero ¡VIVA EL PERÚ, CARAJO! y trabajemos como hormigas, desde el interior de la sociedad, con cada niño con el que nos crucemos, en la EDUCACIÓN EN VALORES.

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