El plan nacional industrial: ¿Cómo debería participar el Estado para fortalecer los sectores productivos?

14 de Julio del 2013
Portafolio
Miguel palomino

“EL ESTADO DEBE SER GESTOR DE LOS CAMBIOS”

Es un tema de conocimiento general que en nuestro país aún existe un atraso en el crecimiento industrial.

La Sociedad Nacional de Industrias (SNI) mantiene el debate de esta limitación y sus pobres resultados ante la competencia mundial. Los expertos comentan que para este año el sector podría crecer alrededor del 4%, pero ello representa solo el 15% del producto bruto interno (PBI) peruano, mientras que en otros países la industria llega a un 80% del PBI. Es entonces que se hace necesaria una política de Estado a favor de la industria, con el objetivo de abrir oportunidades de desarrollo en los mercados interno y externo. Hay una agenda que permanece pendiente y el Estado debe ser patrocinador y gestor de esos cambios. Las estrategias de esta política de Estado deben involucrar aspectos como seguridad, conectividad, innovación, inversión en tecnología, formación técnica, acceso a servicios públicos, disponibilidad de infraestructura en parques industriales, entre otros.

Uno de los puntos críticos es la falta de técnicos para dar movimiento a las industrias del país, es por ello que urge contar con un censo industrial que permita conocer la real demanda insatisfecha de técnicos. Uno de los retos que debe cumplir el diseño del plan es reunir equipos multifuncionales y multidisciplinarios de los ámbitos público y privado, cuyo enfoque hacia el sector industrial sea un plus. Sectores industriales como el textil, confecciones, conductores eléctricos, molinos, vidrios, cerámica, metalmecánica, entre otros, son muy necesarios para crear sinergias. Pero además, por la configuración geográfica y político-social de nuestro país, es preciso promover los procesos de empoderamiento institucional en las regiones.

La industria peruana necesita medidas tributarias para que todas las empresas sean más competitivas, y especialmente para incentivar la inversión clave en ciencia, innovación, tecnología y capital humano. Una de las primeras medidas por considerar debe estar relacionada al régimen de recuperación anticipado del IGV, que ha sido un instrumento útil para reintegrar los gastos en que incurren las empresas. Sin embargo el trámite es demasiado largo y oneroso. Una de las cosas que son vitales para un plan industrial está relacionada con orientar los esfuerzos hacia el crecimiento de las actividades de investigación+desarrollo+in novación (I+D+I).

Este aspecto es nuclear para apalancar el crecimiento basado en nuestra riqueza natural. Por ello, una medida debe ser que todas las deducciones por gastos de inversión en investigación y desarrollo no tengan tope de reintegro.

“NO SE DEBEN INVOLUCRAR GRANDES RECURSOS”

La discusión sobre la política industrial del Estado debe centrarse en dos cosas. Primero, en identificar qué obstáculos está creando el propio Estado para el desarrollo de este sector; y, segundo, identificar qué obstáculos hay debido a fallas del mercado. En cuanto a lo primero, el mayor obstáculo al desarrollo industrial es la incapacidad del Estado para construir o permitir que se construya la infraestructura necesaria. También hay que revisar reglamentaciones inadecuadas que no contribuyen ni al bienestar social ni al desarrollo industrial. Por ejemplo, los gastos de una empresa en comprar maquinaria se pueden deducir para el cálculo del Impuesto a la Renta, pero si una empresa gastaba en capacitar a su personal no podía deducirlo. Este absurdo se ha corregido solo parcialmente. En cuanto a las fallas del mercado, lo que se debe hacer es identificarlas y ayudar a solucionarlas con socios privados que quieran cargar con los costos y riesgos del desarrollo industrial. El Estado puede ayudar a dar el impulso inicial pero el riesgo y la responsabilidad deben ser asumidos principalmente por el sector privado. Para solucionar fallas del mercado no se necesitan muchos recursos. Se trata más bien de organizar y ayudar a que los involucrados se pongan de acuerdo. No se trata de gastar en construir plantas o dar beneficios tributarios. La política industrial no puede ser una excusa para que el Estado regale muchos recursos ni para que tenga que escoger sectores ‘ganadores’. Si el desarrollo industrial se va a basar en ventajas, financiamientos regalados, subsidios o prohibiciones a la competencia, entonces no hay verdadero desarrollo. Se van a acostumbrar a recibir y uno a darle.

Debemos tener muy claro que aunque el Estado tiene hoy más ingresos que antes, nuestras necesidades siguen siendo mucho mayores que nuestros recursos. Hay que ser muy selectivos. Regalarle fondos públicos a una serie de ‘escogidos’ de manera arbitraria no es la forma de gastar el presupuesto público.

Una exoneración tributaria es mala porque escapa al proceso democrático de asignación del presupuesto. Nadie sabe quién está recibiendo cuánto del Estado y no se puede contrastar con otros usos de los fondos. Los créditos regalados son otro error común. Si un banco no quiere financiar un proyecto, probablemente es porque no es bueno. ¿Qué hace pensar que el Estado es mejor evaluándolo? Y si así fuera, igual se debería minimizar el uso de recursos del Estado, en lugar de ser la fuente de financiamiento. ¿Dónde hay que concentrar los esfuerzos para el desarrollo industrial? Hay un gran espacio para que el Estado actúe y ayude a la confluencia entre investigadores y empresas.

Puede ser muy útil su participación en resolver problemas de asociatividad entre productores. Pero nada de esto debe involucrar grandes recursos públicos ni beneficios diferenciados.

14-07-2013 – EL PLAN NACIONAL INDUSTRIAL – Cómo debería participar el Estado para fortalecer los sectores productivos – Miguel Palomino

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