Forzar pagos de deudas en dólares con soles no es el camino para desdolarizar

10 de enero del 2011

El proceso de desdolarización de la economía debe ser natural y no necesita ningún tipo de controlismo. Lo que se necesita es estabilidad de precios y credibilidad de la política monetaria. En ambos aspectos se ha avanzado, pero el proceso toma tiempo, porque en él influyen las expectativas de los agentes económicos, más que medidas obligatorias como las que plantea el Central.

El proyecto limita una modalidad de contratación (afecta la libre contratación establecida en el artículo 2º de la Constitución). Se entendería, si se tratara de deudas en soles que se obliga a pagar en dólares, pero este no es el caso. Se afecta entonces la correspondencia entre colocaciones y recuperación del crédito en moneda extranjera: los bancos colocan en dólares, pero –de acuerdo con la norma– deberán recibir soles si es que el deudor desea usar esta moneda. Al final de cuentas, los acreedores terminarían asumiendo diferencias por tipo de cambio, lo cual a la larga se traduciría en mayores tasas de interés.

El curso legal de la moneda nacional no está limitado. Los que tienen soles sólo deben cambiar a dólares lo que van a pagar en otras monedas. ¿Acaso se podría decir que el curso legal de la moneda nacional está limitado para los bancos porque no pueden devolver los depósitos en dólares con moneda nacional? Según el Central, no. ¿Por qué, entonces, no aplica el mismo criterio para los créditos?

Además, el BCRP dice que no está fijando el tipo de cambio. Pero existe la posibilidad de que esto sí suceda. “El Banco Central de Reserva del Perú dictará las normas que sean convenientes para los efectos de la mejor aplicación del presente artículo”, señala el proyecto. ¿Cómo se podría mejorar la aplicación de lo que dispone el proyecto y cuál es el criterio para calificar si en efecto dichas normas adicionales mejorarían o no la situación?

 

La dolarización del sistema ha ido en retroceso, pero el proceso es gradual. No se debe jugar con las fuerzas del mercado. La documentada experiencia de anteriores administraciones debería habernos enseñado que el controlismo no es el camino.

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