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HOMO ECONOMICUS PERUANO

3 de septiembre de 2021

Por José Luis Capcha Arévalo – Embajador IPE de la región Áncash

Durante el siglo XIX, diversos economistas de la época comenzaron a utilizar el término económico homo economicus. Dicha expresión latina hace referencia a la idea de una persona completamente racional que maximiza su utilidad, es decir, que busca obtener los mayores beneficios con el menor costo posible.

A su vez, se considera los supuestos de que el homo economicus tiene información perfecta sobre la realidad, se mueve por interés personal y calcula y pondera las posibilidades con total racionalidad para conseguir su propia prosperidad.

Frente a este modelo teórico, podemos realizar un análisis de algunos supuestos del modelo homo economicus aterrizados a la realidad peruana. Primero, en nuestra sociedad, no ajena a la mayoría de realidades, no siempre se cuenta con acceso a toda la información completa para la toma de decisiones. Si bien el acceso a internet y medios digitales ha eliminado parte de las barreras de acceso a la información, la falta de conectividad en diversas zonas del país sigue siendo un problema persistente.

Este problema se agrava al considerar el mal manejo e interpretación de la información existente. A esto se adhiere el hecho de que, actualmente, estamos viviendo en un contexto de gran incertidumbre, en el que el Gobierno no es claro y muestra contradicciones respecto a las políticas específicas que se desarrollarán en el próximo quinquenio. Todo ello genera la existencia y proliferación de noticias falsas.

Por ejemplo, durante las primeras semanas de la actual gestión, se registró una demora en la designación del titular del ministerio de Economía, así como la demora en la ratificación de Julio Velarde como Presidente del Banco Central de Reserva.

Por otro lado, podemos argumentar que, a diferencia del homo economicus, las personas no siempre actuamos de manera racional, ya que poseemos el carácter emocional, es decir, nuestras decisiones también responden a emociones como gratitud, amor, sentido de justicia, entre otros. Daniel Kahneman y Richard Thaler, premios Nóbel en Economía en 2002 y 2017, respectivamente, aportaron de manera importante a esta consideración. Esto se refleja en cierta forma en el contexto de gran polarización política en el que nos encontramos. Lo más racional sería la labor de crear puentes y consensos para lograr el desarrollo del país. Sin embargo, observamos que las pasiones políticas nos llevan a una situación de grave polarización, en el que el juego político muchas veces se vuelve autodestructivo.

Finalmente, es preciso comentar sobre la idea en Economía de que, cuando los individuos buscan maximizar su bienestar individual están induciendo, con ello, a la maximización del bienestar de la sociedad en su conjunto. Cuando un mercado funciona de manera perfecta –sin monopolios ni externalidades- y los precios reflejan las preferencias de los consumidores y productores, dicha idea parece ser esencialmente cierta.

Sin embargo, es importante resaltar que la economía no funciona en un vacío, sino que está condicionada por las instituciones políticas y sociales. Así, es necesario que los agentes económicos -consumidores, empresas y Gobierno- se rijan por normas y reglas de juego claras, de tal manera que se garantice cierto nivel de predictibilidad.

Un ejemplo de ello puede visibilizarse en el cumplimiento de las normas de tránsito. Cuando no se cumplen, el interés individual de cada conductor no conlleva al interés de la sociedad de contar con un sistema de transporte seguro y ordenado. De la misma manera, tener reglas de juego simples y claras en la economía es fundamental, como pueden ser leyes de contrataciones, normativas regulatorias, normativas tributarias, entre otras muchas.

Sin embargo, distorsiones en este escenario, generan graves problemas como la corrupción, lavado de activos, evasión y elusión de impuestos, etc. Y es aquí en donde las instituciones juegan un papel fundamental. La calidad de instituciones y de los servidores públicos y profesionales que las integran se reflejan en la capacidad del Estado para proveer servicios públicos como salud, educación, justicias, etc. Para conseguir estos objetivos, entre otros aspectos, se debe atraer y retener el mejor talento humano al aparato estatal. Para ello es importante construir un servicio civil meritocrático y con una competitividad salarial adecuada.

Habiendo detallado todo lo anterior, el análisis del concepto del homo economicus aplicado a la realidad peruana nos permite identificar espacios de mejora, retos y dificultades que tenemos presente en nuestro país. La realidad es algo que no debemos ni podemos obviar y no existe una receta mágica para solucionar los problemas, sino que se requiere un trabajo constante en políticas públicas basadas en evidencia, que busquen la igualdad de oportunidades y garantizar las libertades, en pro de un Estado eficaz y eficiente.

REFERENCIAS:

https://www.redesarrollo.pe/noticia/cuales-son-los-costos-de-no-tener-una-buena-gestion-publica-por-oswaldo-molina-y-jesus-gutierrez/

https://economipedia.com/definiciones/homo-economicus.html

 

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