Inclusión financiera a dos caras

9 de septiembre del 2019
El Comercio

Informe de El Comercio – IPE

Contraste. Pese a que la cobertura geográfica se amplió, más de la mitad de las personas ahorraban fuera del sistema en el 2016.
 
En agosto último se aprobó la Política Nacional de Inclusión Financiera, la cual se enfoca en promover el acceso, uso y calidad de los servicios financieros en el país para satisfacer las necesidades de personas y empresas. Según el Banco Mundial, estos servicios –pagos, transferencias, ahorros, créditos y seguros– contribuyen a la reducción de la pobreza y a la mejora de la calidad de vida. Luego de revisar los resultados de las principales encuestas y bases de datos, se observa que, a pesar del aumento de la oferta de servicios financieros, aún existen serias limitantes que dificultan el uso de las herramientas del sistema.

—Avances de la inclusión financiera—
De acuerdo con los reportes de indicadores de inclusión financiera de la Superintendencia de Banca y Seguros (SBS), en los últimos diez años el acceso a servicios financieros en el país se ha expandido significativamente. El número de puntos de atención –oficinas, cajeros automáticos, cajeros corresponsales y otros– se ha multiplicado por 11: pasó de 81 por cada 100.000 habitantes adultos en el 2008 a 917 en el 2018. En desagregado, destaca el aumento de los cajeros corresponsales (POS), que se incrementaron de 44 por cada 100.000 habitantes en el 2008 a 765 en el 2018, ante los mayores costos que implica mantener oficinas e instalar cajeros automáticos en áreas de difícil acceso geográfico.

Así, la cobertura geográfica de servicios financieros se ha ampliado. Mientras que en el 2008 solo el 27% del total de distritos contaba con acceso a puntos de atención, al 2018 el 82% de distritos tiene presencia física del sistema financiero. En particular, la región que más avanzó fue Apurímac, donde el porcentaje de distritos con puntos de atención se elevó de 13% en el 2008 a 89% en el 2018.

Por el lado de la demanda, el uso de servicios financieros también se ha incrementado. De acuerdo con información de la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) –que desde el 2015 incluye un módulo de inclusión financiera–, el porcentaje de la población que tiene cuentas de depósitos (cuenta de ahorros, corriente y a plazo fijo) ha pasado de 28,7% en el 2015 a 38,1% en el 2018. Además, según la SBS, el número de deudores (personas con créditos directos) ha aumentado de 29,9% de la población adulta en el 2013 a 33,3% en el 2018. No obstante, los niveles de depósitos y créditos del Perú se encuentran entre los más bajos de América Latina. De acuerdo con el Global Findex del Banco Mundial, en promedio, el 53% de la población de la región tiene una cuenta en una institución financiera.

—Uso limitado—
La estadística más desagregada demuestra que el uso de servicios financieros tiene limitantes. Según la Encuesta Nacional de Demanda de Servicios Financieros y Nivel de Cultura Financiera en el Perú, elaborada por la SBS en el 2016, el 68% de la población que ahorra voluntariamente lo hace a través de bienes o dinero fuera del sistema financiero. Esta proporción, si bien es mayor en el área rural (92%) y en la población más pobre (94%), aún se mantiene alta en el área urbana (59%) e incluso entre la población con mayores ingresos (41%).

La forma más frecuente de ahorro fuera del sistema financiero es en casa o por cuenta propia (74%), seguido del ahorro en animales o semillas (30%). Estas formas de ahorro alternativas coexisten con la disponibilidad de cuentas en el sistema financiero. De acuerdo con la Enaho, al 2018 una de cada cinco personas que tiene una cuenta de ahorro, plazo fijo o cuenta corriente reportó haber ahorrado, en los últimos 12 meses, a través de una junta, familiares o conocidos, o en casa.

Cabe resaltar que, al igual que el ahorro, el acceso a crédito es, en su mayoría, informal. Del total de encuestados que solicitó un crédito en el 2014, el 52% lo hizo exclusivamente fuera del sistema financiero. En este caso, la principal fuente de financiamiento son familiares y amigos (65%), lo cual se asocia, principalmente, con la rápida disponibilidad del crédito y la ausencia de garantías formales adicionales.

Al respecto, Martín Naranjo, presidente de la Asociación de Bancos del Perú (Asbanc), menciona que el mayor o menor uso de los servicios financieros, pese al aumento en la oferta, se podría explicar por diversos factores. Entre ellos, los costos de transacción (transporte, distancia, tiempo, entre otros) que limitan el acceso a servicios financieros, principalmente en zonas rurales. Por otro lado, puede existir una preferencia por la rápida disponibilidad o liquidez del crédito fuera del sistema financiero. Además, el uso de servicios fuera del sistema financiero está asociado con la extensión de la informalidad en la economía nacional.

—Inercia en el uso de efectivo—
La evidencia también sugiere que las cuentas en instituciones financieras se utilizan principalmente para disponer de efectivo. De acuerdo con la Encuesta de Servicios Financieros, el 63% responde que nunca realiza transferencias y pagos, y el 70%, que nunca usa su tarjeta de débito para pagar directamente (la cifra sube a 94% en el ámbito rural). Por otro lado, según el Banco Central de Reserva, el retiro de efectivo ha representado el 70% del número de las operaciones realizadas con tarjetas de débito durante el 2019 y el 94% del monto en soles de estas operaciones.

La predominancia del efectivo refleja el uso limitado de medios de pago alternativos. Según la Enaho, solo el 5,9% de las compras de alimentos de primera necesidad como leche, papa y arroz, y el 3,1% de los pagos de servicios de vivienda se hicieron con tarjeta de débito, crédito o banca por Internet.
 
2019-09-09 - Inclusion financiera a dos caras - Informe IPE - El Comercio

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