Inmunización y pandemia

Vacunas. Desprotección por pandemia tendría efectos de largo plazo. Lima se encuentra en el tercio inferior en la tasa de vacunación entre regiones.

9 de noviembre del 2020

Informe IPE – El Comercio

La semana pasada, se declaró la alerta epidemiológica nacional ante el anuncio de un brote de difteria y dos decesos por esa enfermedad, después de veinte años desde el último caso registrado.

Ante esta situación, el Ministerio de Salud (Minsa) ha iniciado una campaña de vacunación masiva contra la difteria y el tétanos. La aparición de esta enfermedad ha puesto el foco del debate en el impacto de la pandemia sobre la cobertura de vacunación y la importancia de contar con una política de inmunización efectiva en el país.

—Inmunización antes de la pandemia—

En el Perú, el esquema nacional de vacunas comprende un calendario básico de vacunación contra enfermedades inmunoprevenibles. En particular, la cobertura básica para menores de 3 años incluye una dosis de tuberculosis, tres dosis de pentavalente –que previene difteria, tétanos, tos convulsiva, hepatitis B e influenza tipo B–, tres dosis contra la poliomielitis y una dosis contra el sarampión. Así, un indicador de inmunización es la proporción de menores de 3 años que recibieron vacunas básicas completas para su edad.

Entre el 2011 y el 2019, este indicador se incrementó de 71,5% a 78,6%, según los resultados de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (Endes) del INEI. Además, la tasa de vacunación en las zonas urbanas (78,8%) es ligeramente mayor respecto de las rurales (78,1%). Más aún, esta brecha se ha reducido en los últimos años, al pasar de una diferencia promedio de 3,1 puntos porcentuales en el período 2015-2017 a una diferencia de menos de un punto porcentual en los años 2018 y 2019. No obstante, pese a esta mejora, aún no se llega al 80% requerido como mínimo, según la Organización Mundial de la Salud, para asegurar la inmunidad en el ámbito poblacional.

Según regiones, Tumbes presentó la mayor tasa de vacunación en el 2019 con un 88,8%, seguida por Cusco (87,2%) y Huánuco (86,7%). Por el contrario, en los últimos lugares se ubicaron Loreto y Puno, ambas con una cobertura poco mayor al 68% y alrededor de 10 puntos porcentuales por debajo del promedio del país.

Asimismo, destaca que Lima Metropolitana presenta una tasa de vacunación de 75%, con lo se ubica en el tercio inferior en este indicador entre las 25 regiones del país. Esto pese a que es la segunda región con la mayor cobertura de personal de salud con 41,5 médicos por cada 10.000 habitantes.

—Vacunas en crisis—

Debido a la emergencia sanitaria por COVID-19, la cobertura de vacunas y refuerzos se ha reducido de manera significativa en el 2020. El viceministro de Salud Pública, Luis Suárez, indicó que, a setiembre, la tasa de vacunación solo alcanzaba el 40% cuando, para esa fecha, se esperaba una cobertura de 70%.

Según información del Minsa, a setiembre, la cobertura de la vacuna pentavalente, por ejemplo, ascendió a 42%, mientras que, en el mismo período del 2019, alcanzó el 66%. Más aún, ocho regiones registran niveles de cobertura de esta vacuna menores del 40%, entre las que destacan Arequipa, Ucayali y Moquegua con una tasa de vacunación de apenas 32%.

En específico, la cobertura de pentavalente cayó a un mínimo de 0,8% en abril y desde entonces, si bien se ha recuperado paulatinamente, aún no alcanza los niveles promedio del año pasado (7,4%). Esta trayectoria también se ha evidenciado en la caída de la cobertura de las demás vacunas básicas, a excepción de la vacuna contra la tuberculosis, que se aplica al nacer.

La reducción de la vacunación respondería tanto a motivos de oferta como de demanda. Según una encuesta de la OMS en 82 países, la emergencia sanitaria redujo la disponibilidad de los servicios de vacunación por la falta de equipos de protección personal (49%) y menor disponibilidad del personal de salud (43%). Asimismo, los encuestados del 77% de países señalaron que hubo una reducción de la demanda de estos servicios. Entre los que dieron razones, mencionaron el temor al contagio del COVID-19 (58%) y las restricciones de transporte y medidas de confinamiento (33%).

—Valor económico de la inmunización—

La evidencia empírica ha demostrado que la inmunización, a través de mejoras en el estado de la salud, repercute positivamente en el crecimiento económico. Según la OMS, la inmunización permite salvar vidas en la niñez, etapa en la cual más de la mitad de las principales causas de muertes son prevenibles o podrían tratarse con intervenciones simples como inmunizaciones. Asimismo, la inmunización está relacionada con un mejor desempeño escolar, ya que los niños con vacunas suelen tener menores tasas de inasistencia y deserción escolar. En el mediano y largo plazo, esto repercute en el desarrollo cognitivo, la productividad y la trayectoria de ingresos futuros.

Por otro lado, la vacunación también tiene efectos positivos en la reducción de la pobreza y desigualdad. La protección mediante vacunas evita enfermedades en los hogares más pobres, con menor acceso a agua, saneamiento y a una nutrición adecuada, y que, además, tienen menos recursos financieros para acceder a la atención médica. Pese a ello, un estudio de la OMS encontró que, en el 2015, la cobertura de vacunación era mayor entre la población de mayores ingresos en 45 de 83 países evaluados.

Por último, la vacunación permite evitar los costos asociados a la hospitalización, consultas médicas y medicamentos y pérdidas de productividad que disminuyen la contribución de la fuerza laboral a la economía. Según Unicef, por cada dólar invertido en vacunación se generan beneficios por US$44, ganancia que corresponde al ahorro por gastos médicos y la pérdida evitada de productividad. Más aún, según la OMS, el retorno por dólar invertido en inmunización contra el sarampión en 94 países de ingresos bajos y medianos ascendió a US$76,5.

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