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La improbable transición a la formalidad

8 de setiembre de 2022

Miguel Jaramillo Baanante
Grupo de Análisis para el Desarrollo – GRADE

¿Qué tanta movilidad existe entre los segmentos formal e informal? ¿Qué tan fácil es para un trabajador trasladarse de un trabajo informal a uno formal? En un estudio a ser publicado próximamente examinamos estas cuestiones. Aquí presentamos algunos hallazgos relevantes para políticas.

Las formulaciones teóricas originales enfatizaban el carácter dual de los mercados laborales en países en desarrollo. Así, se tendía a ver al mercado de trabajo como un mercado muy segmentado, en el que la formalidad era percibida como el estado de empleo primario y la informalidad como el secundario, con bajas tasas de rotación entre estos estados (Lewis, 1954; Harris y Todaro, 1970; Fields, 1975). Estudios más recientes han tendido a ver formalidad e informalidad como estados integrados que corresponden a distintas preferencias, necesidades y reglas de juego en la economía, por lo que, condicional a ciertas características del trabajador y de la demanda, sería común observar transiciones entre ambos segmentos (Maloney, 1999; Perry, 2007)).

La evidencia empírica no es concluyente en cuanto a la validez de estas concepciones alternativas. En efecto, la situación puede ser distinta, de acuerdo con las características de cada mercado laboral. Por ejemplo, la evidencia para México sugiere que los empleos informales suelen ser preferidos por los trabajadores, aun cuando pueden acceder a empleos formales, lo cual apoya a la perspectiva competitiva (Gong, van Soest y Villagomez, 2004). En esa línea, Slonimczyk y Gimpelson (2015) hallan resultados similares para el caso ruso. Evidencia para Turquía señala una fuerte adherencia sectorial (Tansel y Oznur, 2017). Finalmente, ambas perspectivas pueden coexistir (Launov, 2011; Meghir, 2015). En este caso, las características de los trabajadores juegan un rol determinante: para cierto tipo de trabajadores, por ejemplo, hombres adultos con bajo nivel educativo, la salida de la informalidad es de baja probabilidad.

En efecto, si contrastamos la estructura del mercado de trabajo asalariado peruano formal e informal (tabla), podemos observar que en el sector formal hay proporcionalmente más trabajadores calificados, más mujeres, la edad promedio es más alta, las empresas son más grandes y, por supuesto, los salarios son bastante más altos.

 

¿Qué tanta movilidad hay entre los sectores formal e informal?

Las transiciones entre empleos formales e informales son muy limitadas. Evidencia de la década pasada, período de crecimiento en el empleo total, aunque a tasas cada vez más pequeñas, indican una probabilidad de 0.13 de que un asalariado informal transite a la formalidad de un año a otro. La probabilidad de que transite al autoempleo es el doble. La mayoría, 6 de cada 10, continúan como asalariados informales. En la otra dirección, 8 de cada 10 asalariados formales siguen siéndolo al año siguiente y la probabilidad de transitar a la informalidad es de 9%.

La informalidad no actúa como un escalón a la formalidad, puesto que un desempleado tiene una probabilidad muy similar (o incluso mayor para ciertos grupos) al de un asalariado informal de transitar a la formalidad. En contraste, entre los segmentos asalariado informal e independiente hay bastante más movilidad, lo cual sugiere que entre estos segmentos hay muy pocas barreras de entrada y salida.

¿Quiénes son los informales que transitan a la formalidad?

Dos razgos son claves para caracterizar a los trabajadores que transitan de la informalidad a la formalidad: educación y edad. Mayor educación incrementa la probabilidad de ingresar a la formalidad asalariada desde todos los segmentos laborales, y de manera más pronunciada para el aumento de educación secundaria a superior. En contraste, la probabilidad de ingresar al segmento informal declina conforme se incrementa el nivel educativo.

En cuanto a la edad, como podemos observar en el siguiente gráfico, la probabilidad de una transición a la formalidad mejora a lo largo de la juventud. Luego de los 35 años declina de manera drástica e irreversible.

Una corolario claro de ambos hallazgos es que reducir los riesgos de una senda laboral en la informalidad requiere invertir en la juventud. Este es el tiempo más propicio para hacer viable la ahora más bien improbable transición a la formalidad y empezar a construir un mercado laboral más equitativo.

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