La verdadera reforma agraria

29 de junio de 2022

Columna de Miguel Palomino, presidente del IPE, publicada en La República

En el Perú, más de la cuarta parte de la gente trabaja en el agro. De la población ocupada en zonas rurales, tres cuartas partes se dedica principalmente a la actividad agrícola. El agro es el sector productivo que más gente emplea en el Perú. Por lo tanto, si queremos resolver el problema del empleo en el Perú, tenemos que incluir al sector agrario en esta solución. 

Para simplificar, el trabajador del agro peruano puede dividirse, a grandes rasgos, en dos sectores. El primero sería el agro “tradicional”, que corresponde en general al campesino con minifundio y escaso acceso a tecnología. El segundo sería el agro “moderno” que corresponde en general al trabajador asalariado de empresas medianas o grandes con acceso a tecnología. Las cifras nos demuestran lo distinta que es la situación de un trabajador en estos dos sectores. 

Un trabajador en el agro tradicional obtiene un ingreso promedio que es aproximadamente un tercio del trabajador del agro moderno y la mitad del trabajador peruano no agrícola promedio. En los últimos 15 años, el empleo en el agro moderno casi se ha triplicado y desde la pandemia el empleo ha aumentado 9%. En contraste, el empleo en el agro tradicional ha aumentado en 30% en los últimos 15 años (menos que la población). Asimismo, en los últimos 12 años la capacidad adquisitiva en el agro moderno ha aumentado 3.4 veces más que en el agro tradicional. 

La solución a esta desfavorable situación consiste en elevar sustancialmente la productividad en el agro tradicional. A la larga habrá menos trabajadores en este sector, pero serán mucho más productivos. Este fenómeno se ha visto en la historia de todos los países desarrollados del mundo. Como ejemplo, hace un siglo, cerca de un tercio de la población de los Estados Unidos se dedicaba a la agricultura. Hoy esa cifra es de menos de 2 por ciento, y aun así, la producción agrícola ha aumentado muchísimo. 

¿Cómo lograr esta transformación del agro en el Perú? ¿Será necesaria una reforma agraria? Si por esto se entiende aumentar el acceso a tecnología, seguramente ayude, pero más sencillo resulta seguir insistiendo con lo que ya se ha venido logrando en los 20 años previos, cuando realmente se transformó el agro (de parte) del Perú. Veamos las cifras. 

¡Las exportaciones agrícolas no tradicionales se han multiplicado veinte veces en los últimos 20 años! La tierra cultivada por la agricultura moderna en Piura, Lambayeque, La Libertad, Lima e Ica se ha triplicado en los últimos 15 años. El Perú es hoy uno de los tres principales exportadores del mundo de ocho productos agrícolas (arándanos, uvas, paltas, alcachofas, espárragos, mandarinas, mangos y jengibre) y va camino a serlo en varios otros productos. Esto es posible porque el Perú es hoy internacionalmente competitivo y puede exportar gran cantidad de productos que tienen al mundo entero de destino. 

Las políticas adoptadas desde el sector público que contribuyeron decisivamente a este resultado son regulaciones laborales acorde con la estacionalidad de la producción, el fortalecimiento de las capacidades técnicas de las agencias de control fitosanitarias y la firma de tratados de libre comercio, sin los cuales no podríamos exportar. Las medidas recientes del gobierno, sin embargo, parecen estar dirigidas a evitar que un sector, que ha demostrado ser tremendamente exitoso, continúe progresando. A la vez, se encuentran paralizados grandes proyectos de irrigación como Chavimochic y Majes Siguas. 

Si la mejora en la calidad de vida de los millones de trabajadores hoy agrícolas es la prioridad, como se dijo en campaña electoral, la ruta debería estar clara. Existen los recursos y la experiencia de los últimos años. Lo que falta, como en tantos otros casos, es simplemente un poco de voluntad. 

Columna Miguel 290622

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COMENTARIOS

  1. En realidad el Perú, especialmente la costa es un “invernadero” natural, en el cual no solamente se puede sacar una cosecha al año, sino hasta tres cosechas, dependiendo el tipo de producto a producir. Nuestra sierra no tiene esa bondad, justamente donde están ubicados la mayor parte de personas con minifundios y prima la pobreza, y lo importante, poseen más agua que la costa, pero sin la canalización e infraestructura agrícola que es pobre, a parte de que no usan tecnologías modernas con contadas espacios que lo exhiben y en muchos casos ni poseen los títulos de propiedad, que en nuestra selva es lo predominante. Bajo estas condiciones de “olvido”, la migración de esa población fue la solución, ayudando a formar los cinturones de pobreza que tenemos en nuestras principales ciudades de la costa. Contribuyó fuertemente a estos problemas, la reforma agraria impuesta por el gobierno militar de los 70, ante el fracaso de la sais, cap. y cooperativas que fueron formas de organización de los fundos expropiados, estos se dividieron posteriormente en pequeñas parcelas que no daban sostenimiento económico a un grupo familiar. La costa, fue muy fácil generar un crecimiento como el que exhibe hoy, reduciendo el impuesto a la renta, generando irrigaciones y la mayor presencia del ministerio correspondiente de ahí que la generación de ingresos de esta población creció fuertemente en el presente siglo.

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