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Lecciones de Qatar

7. 12. 2022

Columna de Miguel Palomino, presidente del IPE, publicada en La República.

En los últimos días muchos hemos estado gozando del mundial de fútbol, quizás como un escape a la terrible situación que enfrenta el Perú. Es indudable que gobernar un país es mucho más importante que jugar en un mundial. Lo bueno es que la competencia más importante del fútbol nos permite extraer algunas valiosas lecciones que serían útiles para enfrentar mejor los problemas que aquejan a nuestro país.

Primero que nada, todo el mundo sabe que el fútbol hay que jugarlo en equipo y por el equipo. Esto es lo primero que se le enseña a todo niño que empieza a practicar el deporte. Sin una voluntad de entre por el equipo y de juego en conjunto no se llega a nada. Lástima que cuando niños nadie le haya enseñado esto a nuestro presidente, nuestros ministros ni a casi ninguno de nuestros congresistas, para nombrar solo lo que primero nos viene a la cabeza.

Hay además muchas otras lecciones que también podemos obtener observando el mundial. La primera sería que los jugadores deben ser muy buenos en sus distintos puestos; los mejores que se pueda encontrar, en realidad. Se buscarían personas con amplia experiencia y talento, con conocimiento del puesto, que esté acostumbrada a trabajar con gente competente. A nadie se le ocurriría hacer una selección solo entre sus amigos y conocidos.

Una segunda lección sería que todos los miembros del equipo deben tener un objetivo común. A nadie se le ocurriría que cada jugador hiciera lo que mejor le pareciera, ni aún si fueran muy buenos jugadores. Para eso están los entrenadores y es por eso que los que son buenos suelen ser muy famosos y recordados. ¿Quién tendría a la defensa adelantada cuando el equipo rival es muy rápido o a la delantera echada para atrás cuando el otro equipo tiene una muy pobre defensa?

Una tercera sería que, una vez escogidos los mejores en su puesto y después de establecer un objetivo común, se debe comenzar por entrenar. A los niños se les enseña que sin muchísima práctica no se alcanzará nunca el potencial. Pero uno entrena cuando tiene un equipo más o menos formado, para ganar resistencia y ensayar una y otra vez, aprendiendo de los errores en las prácticas. No conozco a nadie que se le ocurriera hacer prácticas en el mundial.

Una cuarta es que en un campeonato de largo aliento se debe tener una buena banca. Además, en el fútbol solo se pueden hacer cinco cambios por partido y los buenos entrenadores rara vez hacen cambios hasta el segundo tiempo y generalmente cuando este ya está avanzado, cuando haya que cambiar de juego o por cansancio de algún jugador. Ningún entrenador, ni aunque se le permitieran, cambiaría de jugadores cada cinco minutos ni cambiaría al equipo entero en cada partido.

Una quinta es que hay que aprender a jugar con la hinchada en contra y hasta con el árbitro en contra, si así lo fuera. Ningún equipo profesional se quejaría de que el público no está a su favor ni reclamaría en vano las decisiones del árbitro si no lo favorecen. Jugar solo para las tribunas y solo si están a su favor estará bien en un campeonato de fulbito de barrio, pero no lleva a ninguna parte si del mundial hablamos. Ni tampoco si hablamos de gobernar un país.

Por último, el fútbol nos enseña que para tener un buen equipo se debe contar con muchas instituciones sanas y fuertes. Se necesita apoyo logístico, una federación nacional de fútbol competente y honesta, divisiones inferiores que produzcan valores, etc. Nadie en su sano juicio intentaría destruir estas instituciones cuando el país más las necesita.

Pensándolo bien, quizás nos convendría que el presidente se dedique a ver el mundial, a ver si aprende algunas lecciones de gobierno. Serían las lecciones más valiosas para todos los peruanos, si tan solo aprendiera el profesor.

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