estudiante, miguel palomino, educación, perú, pandemia

Los “deseducados” y el profesor

31 de agosto de 2022

Columna de Miguel Palomino, presidente del IPE, publicada en La República.

En el 2019, Perú tenía un grave problema de educación. Luego vino la pandemia y el problema empeoró, incluso más que en el resto del mundo. ¿Cómo podemos medir el daño que nos hará esto como país y qué podemos hacer para disminuirlo?

Primero veamos cómo nos encontrábamos antes de la pandemia. La comparación internacional más conocida sobre qué tan preparados están los niños en diferentes países es la prueba PISA, que se tomó por última vez el 2018. Según ella, de un total de 77 países evaluados, el Perú se encontraba en el puesto 64 en una medición compuesta de preparación en lectura, matemáticas y ciencias. De los 10 países de Latinoamérica que tomaron la prueba, solo dos, Panamá y República Dominicana, se encontraban detrás de Perú. Adelante estaban Chile, Uruguay, Costa Rica, México, Brasil, Colombia y Argentina.

Pasando a las comparaciones internas, es claro que el año 2020 fue una pérdida total y no se pudo ni evaluar los efectos que hasta ese momento había tenido la pandemia sobre los estudiantes. Recién en el 2021 se midieron los efectos mediante la Evaluación Virtual de Aprendizaje, pero solo sobre aquellos niños que tenían acceso a dispositivos electrónicos e internet. En otras palabras, se midió el efecto de la pandemia sobre los alumnos más afortunados.

Los resultados en lectura fueron malos si se los compara con los de estudiantes similares en la prueba Evaluación Censal de Educación (ECE) 2019, antes de la pandemia. De un 30% de alumnos con rendimiento satisfactorio en el 2019 (de por sí malo), se redujo a un 19% con rendimiento satisfactorio en el 2021. La reducción fue comparable a todo nivel, en colegios públicos y privados, entre niñas y niños y colegios urbanos y rurales. En la evaluación de matemáticas, los resultados fueron menos malos: de un 34% de alumnos con rendimiento satisfactorio en el 2019 se pasó a 28% con rendimiento satisfactorio en el 2021. También en este caso, los resultados fueron similares entre todo tipo de estudiante.

Recordemos que estos fueron los resultados para la mitad más afortunada de los estudiantes: los que tenían acceso a un dispositivo electrónico y acceso a internet. Más de la mitad de los niños no pudieron ser evaluados por no contar con los medios necesarios para hacerlo, y queda claro que el resultado sobre estos sería peor. (Nota aparte, ¿recuerdan al expresidente Vizcarra anunciando la compra de una “tablet con internet” para cada niño? Pues solo el 10% de los niños del Perú tenía una).

La ausencia de clases hizo estragos sobre nuestra juventud. Según la Unesco, entre el 16 de febrero del 2020 y el 31 de marzo del 2022, Perú tuvo sus escuelas plenamente abiertas solo por 33 días. Esto nos ubica como el décimo país con menor tiempo de escuela de un total de 210 países evaluados. Es decir, los efectos de la pandemia van a ser peores en el Perú que en el resto del mundo.

Ahora bien; ¿cuánto perjudicará a los niños (y al país) esta tragedia? El Banco Mundial estima que la pérdida de ingresos a largo de la vida de los niños afectados por la pandemia sería de ¡21 millones de millones de dólares! Para poner en contexto la enormidad de esa suma, basta con decir que en promedio el mundo perdería casi la quinta parte de su PBI de hoy y recordemos que el efecto sobre el Perú será mayor.

¿Qué se puede hacer para minimizar el daño ocasionado? Diversos estudios demuestran que una respuesta adecuada hoy puede permitir recuperar una buena parte de lo perdido. La rapidez de la reacción es crucial. Por suerte, el Perú tiene hoy a un maestro de presidente, por lo cual estoy seguro de que desde el comienzo de clases en este año deben haber estado aplicándose los más modernos métodos conocidos para cerrar las brechas creadas por la pandemia. Lo que no sé es por qué el Gobierno no los ha anunciado.

2022-08-31 - Los deseducados y el profesor - Miguel Palomino - La República

Te puede interesar:

La cicatriz más profunda y duradera que nos deja el virus
El sueño de la casa propia

Deja una respuesta

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *