Motores Disonantes

25 de abril del 2018
El Comercio

 
Análisis ● Cusco lideró alza de pobreza, mientras que la mayoría de regiones más pobres lograron mejoras ● Expertos piden afinar programas sociales.
 
Tras conocerse que la pobreza creció el año pasado, por primera vez durante este milenio, las voces oficiales no se hicieron esperar. El presidente Martín Vizcarra señaló que es “inaceptable” el rebote en la pobreza y llamó a la unión de todas las autoridades para retomar la trayectoria a la baja.

A su turno, voceros de los partidos en el Congreso criticaron a los gobiernos de Ollanta Humala y de Pedro Pablo Kuczynski del deterioro en las condiciones del país.

Lo cierto es que, detrás de la subida de la pobreza a nivel nacional, existe una divergencia entre las regiones del país. Las cifras revelan que en la mayoría de zonas con las tasas de pobreza más altas se logró reducciones durante el año pasado.

Tal es el caso de Cajamarca, Huancavelica, Apurímac, Ayacucho, Amazonas, Puno o Piura. En tanto, en regiones con menos pobreza se lograron reducciones muy pequeñas o hubo incrementos.

La razón de esta divergencia es que a menor pobreza es más difícil combatirla, afirma Víctor Fuentes, economista del Instituto Peruano de Economía (IPE). En ese sentido, explica que la tendencia de la pobreza en cada región responde a la dinámica de su economía, empleo e ingresos.

De hecho, el dinamismo de la economía es tan relevante en la evolución de la pobreza que el motor de crecimiento en cada región determina estructuralmente las diferencias en este indicador cuando se evalúa su evolución por regiones, sostiene Pablo Lavado, profesor de la Universidad del Pacífico.

“Ica es fuerte en agroindustria. Madre de Dios es minería, aunque los ingresos no distinguen si es formal o informal. En Huancavelica y en Cajamarca, el sector más importante es la agricultura, que es el menos productivo”, precisa.

En ese sentido, resalta negativamente el caso de Cusco, que registra la mayor alza en la tasa de pobreza (4,8 puntos). La razón es que los conflictos sociales golpearon su principal actividad económica, el turismo, detalla Federico Arnillas, presidente de la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza.

—Rol contracíclico—
En un entorno en que la actividad económica está débil, el rol de las políticas sociales para atenuar el efecto en indicadores como la pobreza es clave. Fuentes estima que, entre el 2015 y 2016 –años de crecimiento bajo–, el 79% de la reducción de la pobreza se debió al impacto de los programas sociales.

Si no hubiera habido programas sociales en marcha –considera Lavado–, el incremento de la pobreza habría sido mayor en el 2017. Precisa que en un enfoque de pobreza por necesidades básicas insatisfechas sí se evidencia una reducción, lo que evidencia el impacto de la política social.

Sin embargo, Arnillas advierte que el incremento en la pobreza urbana es reflejo de que la política social no está cumpliendo su rol, al menos en ese sector.

“Si vemos los datos, hay una caída en la cobertura de programas de transferencias monetarias en el 2016 y el 2017. Ahí tenemos una situación que mirar y atender”, señala.

Entonces, ¿cuál es el reto hacia adelante? Arnillas y Lavado coinciden en que hay que potenciar algunas estrategias desde el Estado.

“Hay que ajustar el cuadro de intervenciones. La situación demanda inyectar recursos en grupos vulnerables, por ejemplo pacientes de TBC o adultos mayores sin cobertura de pensiones que se encargan de personas con discapacidad. Ese tipo de programa generaría [impacto] en el corto plazo”, afirma Arnillas.

En tanto, Lavado destaca el fortalecimiento de programas de apoyo al agro como Haku Wiñay, además de potenciar iniciativas como Juntos en zonas de pobreza urbana.
 
2018-04-25 - Motores disonantes - El Comercio

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