¿Otro fondo de estabilización de precios? ¡Nooooo!

14 de febrero del 2011


Peru Posible no descarta fondo de estabilización para precios de los alimentos (Gestión, 11/02/2011)

En entrevista con un medio, el jefe del plan económico de Perú Posible planteó la posibilidad de establecer un fondo para la estabilización de los precios de los alimentos, similar al ya existente fondo de estabilización de los precios de los combus-tibles (FEPC). La idea de estabilizar los precios de componentes importantes pero volátiles de la canasta de consumo suena atractiva, lo que explica porqué el tema surge en la campaña electoral. Sin embargo, un análisis más cuidadoso de la idea permite identificar los considerables riesgos que entraña y lo poco deseable que es en la medida en que se beneficia más a los ciudadanos de mayores recursos y se perjudica a muchas de las familias más pobres.

Para entenderlo basta con analizar lo sucedido con el FEPC (CD 23/04/2011). El fondo busca que los precios de los combustibles se mantengan dentro de una determinada banda (aunque ésta se ha revisado más de una vez en los últimos años). Si la cotización internacional del petróleo está dentro de las bandas, el fondo no opera. En caso la cotización internacional esté por encima de la banda superior, las dos refinerías -Refinería La Pampilla S.A.A. y Petróleos del Perú S.A.- mantienen los precios internos en este límite superior y el fisco se compromete a compensar a las refinerías por este subsidio. Las obligaciones del Estado (es decir de los contribuyentes) con las refinerías depende de cuán por encima de la banda superior está el precio internacional del petróleo. Por su parte, cuando la cotiza-ción internacional del petróleo está por debajo del nivel inferior de la banda, el precio nacional se mantiene en este nivel inferior y el diferencial con el precio de importación es deposita-do en el fondo y se acumula en él.

En otras palabras el Estado asume el riesgo de que la estabilización de precios cueste mucho dinero o produzca mucho dinero. Si se tiene suerte, las subidas transitorias de precios compensan las caídas eventuales, pero no hay ninguna seguridad de ello y por lo tanto la deuda que el Estado puede asumir no tiene, en principio, ningún límite. En su peor momento, a fines del año 2008, la deuda del FEPC se aproximó a S/. 5 mil millones lo cual eventualmente forzó un cambio en la banda, con el consiguiente aumento de precios locales. Es más, la experiencia del 2008 ha llevado a que se incluya en el funcionamiento del fondo ciertos reajustes automáticos de precios, de manera que los precios sólo están estabilizados hasta cierto nivel, porque no es posible asegurar otra cosa.

Lo peor de esto es que el subsidio del fisco es para todos los consumidores. En la práctica, quien consume más combustibles (el más rico) recibirá un mayor subsidio del Estado. En otras palabras, arriesgamos a quienes realmente necesitan de la intervención del Estado -madres gestantes muy pobres, por ejemplo- para subsidiar a familias de altos ingresos.

¿Por qué no se ha aprendido de esta experiencia? Considerando las perspectivas de los precios internacionales de los alimentos, la propuesta de un fondo de estabilización de los precios de los alimentos se parece muchísimo a la timba que representó el FEPC. Timba con recursos fiscales y, además, mal focalizada. Al igual que su predecesor, este fondo subsidiaría los precios de los alimentos que consumen tanto millonarios como indigentes. Recordemos, además, que los alimentos pesan 22 veces más que los combustibles en la canasta del consumidor. Para hacer las cosas peores aún, en el mercado de alimentos no hay sólo dos grandes ofertantes (como las refinerías para el caso de los combustibles). Hay miles, y la mayoría no está en condiciones de financiar al Estado hasta que el fondo les pague el subsidio. Es casi imposible poner en práctica el esquema porque tampoco hay forma de controlar que los subsidios estatales sean pasados efectivamente a los consumidores.

Fernando Cillóniz ha mostrado qué las alzas de precios de los alimentos pueden perjudican a los consumidores (ricos y pobres), pero favorecen a los agricultores, que generalmente son familias muy pobres (leer artículo). ¿Queremos precios de alimentos artificialmente bajos que perjudiquen a los agricultores alto andinos? Antes de proponer medidas peligrosas e inequitativas sugerimos usar los recursos en programas sociales más simples, de libro de texto: subsidios focalizados y transitorios. Claro que proponer esto y planear hacerlo bien -con líneas de base, programas piloto y evaluaciones independientes- no suena atractivo para una campaña electoral.

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