Pesquería e ilusión social

5 de enero del 2012
El Comercio

 
El recurso genera beneficios sociales si con él se obtienen mayores ingresos

Un diario local publicó recientemente un editorial titulado “Pesquería e inclusión social” en el que se argüía, de manera algo enredada, que la riqueza pesquera del Perú sería mejor utilizada y ayudaría a la inclusión social si la captura de especies marinas se dirigiera al consumo humano local en lugar de a la elaboración de harina y aceite de pescado, que se exportan y destinan principalmente a alimentar animales. También argüía que para que esta mayor oferta sea destinada al consumo humano se debe reordenar el mercado, lo que permitiría la reducción del alto precio del pescado, el cual se debería principalmente al elevado margen de ganancia de los intermediarios que controlan la llamada cadena de frío el sistema de distribución refrigerada que se necesita para la comercialización del pescado y detentarían un poder monopólico.

POPULISMO VERSUS INCLUSIÓN SOCIAL
El artículo en mención sigue la tradición populista de primero plantear un objetivo social supuestamente deseable para luego encontrar un culpable de que no se logre dicho objetivo y, con ello, justificar que el Estado decrete un “reordenamiento” del mercado. Como es usual, tanto el supuesto objetivo “deseable” como el supuesto culpable no resisten un análisis cuidadoso de la realidad económica. Un principio básico de economía en un mercado relativamente libre como el de consumo final de la pesca es que si el producto se dedica a la elaboración de harina de pescado y no al consumo humano es porque el ingreso que se obtiene de la primera opción es mayor al que se obtendría de la segunda. No existen prohibiciones u otras limitaciones serias que impidan que se reoriente la captura hacia el consumo humano si es que fuera más rentable hacerlo. Dado el volumen de pesca y nuestra larga tradición como país pesquero, el mercado hubiera explotado ya cualquier oportunidad importante que existiera en este sentido. Solo prohibiciones a la exportación aumentarían la oferta orientada al mercado local, pero, como ha sucedido en Argentina con la prohibición de la exportación de carne, esto rápidamente resultaría en una caída en la producción y una pérdida significativa para la sociedad. Nótese además que el volumen de pesca dedicado al consumo humano promedia menos del 15% de la captura total, por lo cual si se quisiera redirigir toda la pesca hacia el consumo humano directo tendríamos que multiplicar por siete nuestro consumo de pescado. Para ser más precisos, cada peruano tendría que aumentar su consumo en 208 kilos de anchoveta por año, según los datos promedio de captura de los últimos ocho años. El hecho es que los peruanos no desean aumentar significativamente su consumo de anchoveta a los precios que se puede obtener por ella en el mercado internacional. La idea de que la pesca se “debe” orientar al consumo humano es el tipo de mandatos ineficientes e incumplibles que se oían en la época de la dictadura militar de Velasco.

EL PRECIO RESPONDE A TENDENCIAS EXTERNAS
En cuanto al precio del pescado, el último Seminario sobre Precios del Pescado de la FAO, realizado en Procida, Italia, en octubre pasado y en el cual la Pontificia Universidad Católica del Perú tuvo un rol importante, concluyó que los precios tienden a ser fijados en el mercado internacional y que existe cada vez mayor integración entre los mercados (se puede ver la tercera presentación en www. globefish.org/3rd-ad-hocfish- price-index-workshop.html). Es decir, en general el precio del pescado tiene niveles y comportamientos comparables internacionalmente. El precio en el Perú, país líder en pesca, sigue las tendencias internacionales aunque, como ilustramos en el gráfico 3 y contrario a lo que se afirma en el editorial que comentamos, es con frecuencia menor a los precios en otros mercados.

EL ‘INTERMEDIARIO ABUSIVO’ NO EXISTE
Como en el caso de muchos alimentos perecibles, el costo de distribución del pescado es muy elevado y tiende a ser subestimado. Para quien no puede hacer los cálculos o en ausencia de la información necesaria, basta con darse cuenta de que no existen impedimentos importantes a participar en el negocio de comercialización de pescado para consumo humano. En la jerga económica, no hay barreras a la entrada al negocio de comercialización de pescado ni específicamente a la instalación de una cadena de frío. Si, como equivocadamente indica el artículo que comentamos, fuera cierto que la mayor parte del precio al púbico del pescado refleja el margen de ganancia de los intermediarios, la entrada de nuevos operadores a tan lucrativo negocio debiera reducir este margen, con la consiguiente caída de precio. Si realmente cree en lo que dice, el autor del editorial debiera entrar en el negocio de comercialización de pescado y hacerse millonario a la vez que ayuda a la alimentación popular. Para terminar, la inclusión social no se logra haciendo que algún ministerio imponga ideas trasnochadas que obstaculicen el buen uso de los recursos, sino creando oportunidades de mejora a través del crecimiento económico y de la acción directa y efectiva del Estado a favor de los grupos sociales verdaderamente necesitados.
 
2012_01_05 - Pesquería e ilusión social

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