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¿Podemos decir no a la mina?

15 de junio de 2015

Juan Vargas Sánchez

El Comercio/Día.1

El año electoral le pondrá las cosas más difíciles a la minería, pero quizá ese no sea el mayor problema de la principal actividad económica del Perú, sino que el país no haya aprovechado los ingresos que ha generado desde la Colonia.

Carlos Gálvez, presidente de la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (SNMPE), teme que la proximidad de las elecciones presidenciales y parlamentarias radicalice el discurso antiminero en el país e impida el avance de nuevos proyectos mineros. ¿Solo la SNMPE debe estar preocupada por esa posibilidad o también lo deben estar el Ministerio de Economía y Finanzas, la Presidencia de la República, incluso el país entero?

Aunque –como veremos más adelante– no todos comparten que la conflictividad social sea la principal causante de la menor inversión minera, conviene preguntarse: ¿qué tan importante es la minería para el Perú? ¿Es reemplazable?

El Instituto Peruano de Economía ha respondido varias veces la primera pregunta: la minería representa más del 50% de las divisas, el 20% de la recaudación fiscal, el 11% del Producto Bruto Interno, la mayor parte de la inversión extranjera, entre otros destacados factores macroeconómicos.

“La minería tiene una presencia importante en el país. Genera un gran impacto en el resto de la economía”, comenta Carlos Casas, ex viceministro de Economía y actual director del Centro de Estudios sobre Minería y Sostenibilidad de la Universidad del Pacífico.

Para Casas, la disminución de la inversión minera quizá pueda tratar de compensarse en el corto plazo con el desarrollo de infraestructura: el gasoducto al sur, el metro de Lima, la refinería de Talara demandarán más de US$15.000 millones de inversión, por ejemplo, pero será difícil suplir ese y otros impactos positivos que se generan a mediano y largo plazo.

“Pretender que haya un Perú sin minería, no es un escenario factible. Se habla de diversificar, pero eso no debe significar reemplazar la minería por otras actividades, sino construir con la minería”, sostiene Casas.

Buscando alternativas

La agricultura puede ser una gran generadora de divisas. El ministro del sector, Juan Manuel Benites, considera que este año se pueden alcanzar los US$5.000 millones en exportaciones, y todavía queda espacio para crecer. Los casi 4 millones de hectáreas sembradas pueden duplicarse, gracias a los grandes proyectos de irrigación que han empezado a ponerse en marcha: antes Chavimochic, ahora Olmos. Pero aun así, todavía estarán lejos de los más de US$20.000 millones que genera la minería cada año.

Ni siquiera el desarrollo forestal por el que debería apostarse permitiría acercarse a las exportaciones mineras, pues en el Ministerio de Agricultura se estima que al 2021 las ventas del sector podrían llegar a los US$3.000 millones.

El turismo es otro sector en el que se tiene mucha expectativa, al estar encaminado a convertirse en el segundo mayor generador de divisas, pero de nuevo, sus cifras todavía son limitadas. Uno de los últimos pronósticos realizados sitúa sus metas en US$6.800 millones anuales para el 2021, según el Banco Interamericano de Desarrollo.

En contribución fiscal, la minería sí tiene reemplazantes. De hecho, no es el sector más importante en lo que a recaudación se refiere, pues tanto la manufactura como el comercio la superan.

Y en generación de empleo, el sector extractivo es superado de lejos por la manufactura, servicios, comercio y construcción, por ejemplo.

Con todo, encontrar un sector que pueda suplir el impacto de la minería es imposible, menos en el corto plazo, sostiene Rubén Guevara, profesor principal de Centrum Católica. Guevara confía en el desarrollo del turismo, en el potencial de la industria del software y en la explotación racional de la biodiversidad (forestal, medicina natural, etc.).

Otros especialistas hablan del gran potencial para la acuicultura, pero la situación es similar a la descrita: son sectores con potencial de crecimiento y de generación de ingresos y empleo que pueden servir para sacar de la pobreza a quienes los desarrollen, pero que no tienen el impacto macroeconómico de la minería.

“En vez de buscar un sustituto para la minería, deberíamos trabajar para que la minería se convierta en un sector querido y admirado”, afirma Guevara. Para ello, propone que se trabaje en visibilizar los impactos positivos de la minería en la economía nacional, en llevar infraestructura y servicios públicos a las zonas donde opera la minería, en fomentar alianzas entre empresas y comunidades, reconocer que la minería ha causado daños ambientales en el pasado y en alcanzar licencias sociales para el sector.

Juana Kuramoto, investigadora de Grade y directora de Prospectiva e Innovación del Concytec, coincide en que decir ‘no más minería’ no soluciona nada, pues estaríamos desperdiciando un recurso que no tenemos con qué cambiarlo. Sin embargo, advierte que no todos en el país sienten que la minería es tan vital, debido a que la mayor parte de los beneficios de esta actividad salen de la zona de extracción.

Impacto en la pobreza

“El problema es que tras 15 años de bonanza no hemos aprendido a hacer que los beneficios de la minería lleguen a las zonas de donde salen los recursos. Y entonces se genera un problema que afecta a todo el país, porque ellos bloquean carreteras y hacen que se suspendan proyectos”, señala Kuramoto.

“Se puede hacer mucho más cosas con los recursos mineros, empezando con el fomento de la innovación y la tecnología”, indica.

Precisamente, un estudio de Kuramoto y Manuel Glave del 2007, plantea que si bien la minería tiene una clara macroimportancia, su mesoimportancia (institucionalidad, relacionamientos) y microimportancia no son claras.

Glave, investigador principal de Grade, explica que en meso no se ha generado capacidad para administrar la renta extractiva y más bien, esta ha generado problemas de desarrollo organizacional y corrupción en diferentes niveles del Estado.

“Y en micro, no hay evidencia de que la riqueza natural esté asociada con una mayor reducción de la pobreza, la desigualdad y las brechas sociales. No hace diferencia tener o no minería”, sostiene, puntualizando que el diagnóstico al que llegaron con Kuramoto en el 2007 sigue vigente.

Glave cuestiona que la paralización de los nuevos proyectos mineros y la menor exploración se deba al aumento de la conflictividad. “Conga y Tía María son proyectos que están esperando hace décadas y siempre se consideraron de difícil desarrollo”. Más bien considera que es por la coyuntura de bajos precios de los minerales y porque el Gobierno se ha mostrado indeciso en la definición del ordenamiento territorial y en la descentralización. “Ha faltado un plan estratégico para el uso de la renta extractiva. Pero bueno, ya está hecho, ya es tarde”, agrega.

Ahora, Glave también cree que nuestra dependencia por la minería continuará, pero advierte que ya es hora de que en el país se trabaje en lograr una mayor diversificación de ingresos.

En ese sentido, los diferentes expertos consultados coinciden en que se debe impulsar el Plan de Desarrollo Productivo que aplica el Ministerio de la Producción. “Tal vez no va a surgir ningún otro sector que genere las divisas y los ingresos que nos brinda la minería, pero sí pueden utilizarse sus recursos para hacer surgir sectores que creen más empleo”, señala. Con ello, la contribución de la minería terminaría por hacerse más palpable.

 

15-06-2015 – Podemos decir no a la mina – El Comercio

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