Propuesta inoportuna

20 de febrero del 2018
Roberto Abusada
El Comercio

 
Una RMV más alta encarece el empleo formal, pero su impacto se multiplica en el Perú, donde la informalidad es descomunal.
 
La propuesta de elevar la remuneración mínima vital (RMV) es siempre motivo de grandes discusiones que jamás llegan a conclusiones satisfactorias. Creo que esos debates interesan más a políticos, abogados, periodistas o economistas. La población que en el Perú labora en su abrumadora mayoría en la informalidad ve la RMV como un privilegio de aquellos que tienen un empleo formal. El anuncio de un aumento de la RMV es más un gesto político, que puede o no tener réditos y tiende lamentablemente a ser discutido en esos términos.

Pero veamos por qué en la situación actual elevar la RMV puede tener consecuencias en extremo negativas. Lo primero que hay que considerar es el efecto sobre el nivel de informalidad de la economía. Es evidente que una RMV más alta encarece el empleo formal, pero su impacto se multiplica en el Perú, donde la informalidad es descomunal si se la compara con países de similar grado de desarrollo.

Sabemos que la mayor parte del empleo en el Perú se genera en los millones de empresas pequeñas donde la productividad es muy baja. Y en la medida en que esta productividad sea inferior al monto de la RMV, tales empresas simplemente no la pagan.

Más aun, el aumento de la RMV sí afecta de manera importante a muchos trabajadores formales o informales que reciben remuneraciones cercanas a la RMV. En el caso de los primeros, un incremento de la RMV puede conllevar a que su productividad no soporte un eventual aumento y, por lo tanto, sean despedidos o pasen a ser informales.

En el caso de los informales, el aumento de la RMV los aleja de la posibilidad de ser incorporados formalmente a la empresa y gozar así de los beneficios de tal condición. Esto es particularmente cierto en la industria manufacturera formal en la que, en efecto, la RMV tiene impacto directo en la competitividad de la industria.

En otras palabras, un aumento de la RMV no solo alejaría de la formalidad al trabajador informal, sino que incluso se perderían empleos formales.

En el Perú, los beneficios de la formalidad están también fuertemente disminuidos por los costos extralaborales y por la escasa valoración que los trabajadores dan a tales beneficios. Las deducciones que afectan a los sueldos y salarios en la formalidad con fines de acumular una pensión son escasamente comprendidos por la falta de cultura previsional.

El acceso a un seguro de salud, por el contrario, sí es altamente apreciado. Desafortunadamente, los beneficios de Essalud están también disponibles para la actividad informal sin pago alguno debido al grave error cometido por el Estado de haber dado acceso al Servicio Integral de Salud (SIS) a todos los segmentos de la población sin atención a su habilidad de pagar o no por el servicio.
Es inaudito que en el Perú la membresía del SIS se acerque a los 17 millones de peruanos; más de la mitad del total de la población, con un acceso que generalmente es gratuito y en el que la atención es en algunos casos más expeditiva que en Essalud.

Súmese a todo esto la maraña de trámites exigidos al empleador formal (trámites que ya hicieron metástasis extendiéndose a través de todos los niveles de gobierno), y no sorprenderá que la informalidad, lejos de disminuir, haya aumentado, tal como reportó recientemente el INEI.

El ministro de Trabajo, Javier Barreda, ha declarado que el aumento de la RMV tiene que ser analizado de manera “técnica”, una manera vaga de decir que en la determinación de la nueva RMV se usarán criterios objetivos sin explicar cuáles son tales criterios. Presumiblemente se echará mano de un simple cálculo de la inflación desde el último aumento de la RMV el 1 de mayo del 2016.

De igual manera, es posible que analice la evolución de la productividad, ya que en la medida en que esta se haya elevado se trataría de un elemento válido para considerar una elevación de la RMV. La información sobre estos dos posibles criterios (inflación y productividad) no justificaría la elevación de la RMV, menos aun dentro del actual escenario de enfriamiento de la economía.

La inflación desde el último aumento del RMV ha sido igual a 3,57%, lo que justificaría un aumento de los S/850 actuales a S/880. Pero sabemos que desde hace más de 7 años la productividad viene cayendo de manera sostenida, implicando un ajuste en el sentido contrario al de la inflación.

Peor aun, es concebible que el ajuste de la RMV sugerido por el análisis “técnico” sea nulo o negativo. Es difícil predecir la reacción del presidente Kuczynski al revelársele que el análisis que él ordenó arroja una recomendación de rebajar la RMV…
 
2018-02-20 – Propuesta inoportuna – Roberto Abusada – El Comercio

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