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Un clarín para amenizar el cuento

30 de marzo del 2021

Por Gianfranco Vigo – Embajador IPE de la Región Cajamarca

“Cajamarca, hoy por fin, ha sonado el clarín”. Los cajamarquinos hemos cantado y repetido esta frase un sinnúmero de veces. Forma parte del himno local, compuesto por Armando Massé. Generación tras generación, hemos visto en el clarín un símbolo de identidad, tan enigmático y original como nuestra propia tierra. No en vano, Los Zañartu, cultores del criollismo peruano, llamaban a Cajamarca “la novia de mi Perú”. Lamentablemente, hoy parece más “la Cenicienta” del cuento.

Cenicienta vive en una gran mansión, pero viste en remiendos, rodeada de estropajos y cenando las sobras. A pesar de su enorme potencial geográfico y productivo, Cajamarca mantiene al 38% de su población en pobreza monetaria, sin ingresos suficientes para cubrir necesidades básicas como la alimentación (ENAHO 2019). Como a Cenicienta, a Cajamarca también se le niega la alegría de participar en el baile organizado por el Rey. La región no puede participar del festín del desarrollo debido a que se mantiene como una de las regiones menos competitivas del Perú (INCORE 2020). El clarín no suena más en Cajamarca, al mantener amplias brechas sociales en los rubros de salud, educación y acceso a empleo digno.

Afortunadamente, Cajamarca tiene una ventaja sobre Cenicienta: no necesita de una ficticia y mágica hada madrina para solucionar sus problemas. Bastaría con que sus autoridades y líderes sociales dejasen de actuar como sus hermanastras. En los últimos años, se ha vivido un ambiente enrarecido, en el que paisanos se han visto enfrentados producto de la polarización y el conflicto. Mientras que la mitad de la población no contaba con medios de vida suficientes para garantizar un estado de bienestar, la agenda mediática se centraba en la defensa cerrada de posiciones extremas, rompiendo el tejido social. Por su parte, la corrupción, tan normalizada en ciertos ámbitos, seguía corroyendo lo suyo.

Los que queremos una Cajamarca próspera, debemos exigir a las actuales autoridades, y también a las que saldrán elegidas, priorizar el diálogo en base a una agenda de desarrollo común. Esto se hace urgente sobre todo ahora que, además, parecemos una “Cenicienta con viruela”. La pandemia del Covid-19 habría incrementado en 10% la pobreza monetaria del Perú, según estimaciones de Pablo Lavado, investigador de la Universidad del Pacífico. Por su parte, el Colegio de Economistas de Cajamarca ha estimado que la pobreza en la región se habría incrementado de 38% a 65%. En una región altamente informal, las consecuencias de la pandemia ampliarán las brechas existentes, hacia una situación trágica.

Para sanar la enfermedad, ponerse el mejor traje y poder ir al festín, debemos unirnos con las autoridades, líderes sociales, academia, empresa privada y sociedad civil para trabajar en conjunto en aquellos ejes que, considero, debemos priorizar para una agenda de desarrollo regional. Estos ejes son los de infraestructura, capacidades e instituciones.

Debemos enfocarnos en impulsar grandes proyectos de infraestructura para el cierre de brechas. Solo el 45.9% de hogares cajamarquinos tiene acceso a electricidad, agua y desagüe (INCORE 2020). Sin estos servicios básicos, se hace imposible pensar en un modelo de desarrollo humano. Lo mismo sucede con la brecha para acceder a infraestructura de salud. Además, nuestra región es amplia y muy atomizada, lo que se debe a que más del 60% de la población vive en zonas rurales (ENAHO 2019). Allí es donde más escasean los servicios básicos, como también los caminos asfaltados y carreteras. No se pueden mover y vender productos sin caminos sobre los cuales se lleven los bienes a los mercados. No se puede generar innovación y valor agregado allí donde no hay electricidad. No se pueden pensar en grandes proyectos agrícolas allí donde escasea el agua. No se puede impulsar una fuerza de trabajo con una población enferma. No podemos ser competitivos si no tenemos una región conectada.

Cerrar la brecha de infraestructura necesita inversión, pero también eficiencia en la ejecución de recursos. El Gobierno Regional de Cajamarca muestra en promedio un nivel de ejecución de sus recursos del 52.3% en los 10 últimos años; es decir, se ha dejado de ejecutar la mitad de los recursos disponibles. Solo en el 2020, el gobierno regional y los gobiernos locales de Cajamarca dejaron de ejecutar recursos por S/ 1,136 millones (Consejo Privado de Competitividad). Cierto es que en ello también juega un rol la excesiva tramitología y burocracia del Estado, pero también tiene mucho que ver la capacidad ejecutiva, la voluntad política y la corrupción. Son necesarios el impulso de nuevos mecanismos para un shock de inversiones en la región, entre los que se cuentan las Obras por Impuestos (OxI), las Asociaciones Público-Privadas (APP) y los acuerdos de Gobierno a Gobierno (G2G).

En cuanto a capacidades, es necesario garantizar el acceso a la educación desde los primeros años, esenciales para el posterior desarrollo del menor. Actualmente, se sabe que solo el 5% de los estudiantes de segundo grado de educación secundaria de la región tienen un rendimiento satisfactorio en lectura y matemáticas (ECE 2019). Es necesario afinar la estrategia pedagógica en la región, para fortalecer las capacidades de los maestros e involucrar a los padres de familia en el proceso de enseñanza-aprendizaje (UNICEF, 2020). Esto se hace crítico ahora que la pandemia del Covid-19 ha ampliado las brechas educativas con la implementación de estrategias digitales, ya que solo el 40.6% de hogares peruanos tiene acceso a internet (INEI, 2020). Esto se agrava en el ámbito rural, donde solo el 5.9% de hogares cuenta con este servicio (INEI, 2020). En Cajamarca, es necesario cerrar la brecha digital, pero también aprovechar la oportunidad para impulsar un shock de inversiones en educación, ya que solo el 23.7% de colegios de la región cuenta con los servicios de electricidad, agua y desagüe (INCORE 2020).

A esto se suma la brecha de analfabetismo, que en Cajamarca alcanza al 12.1% de la población (INEI 2019), cifra solo superada por Apurímac y Huancavelica. Son necesarias estrategias para cerrar esta brecha, pero también para impulsar más y mejor formación técnico productiva. Todo proyecto de generación de ingresos fracasará si la población no tiene las capacidades suficientes para la gestión y la innovación. Desde lo más básico: no se puede hacer un cálculo de ingresos y egresos si no se sabe leer, sumar y restar. Por otro lado, la educación universitaria debe servir para la promoción de carreras de alta productividad y apertura al mercado laboral. Las universidades deben convertirse en centros para la promoción de I+D+i (investigación, innovación y desarrollo) al servicio de la región. Son necesarios recursos para la Universidad Nacional de Cajamarca, pero también para la Universidad Nacional de Jaén y la Universidad Autónoma de Chota, para así descentralizar la educación superior en la región. En suma, una población educada y capacitada es la mejor receta contra la pobreza.

Por último, debemos tomar conciencia de la importancia del fortalecimiento de nuestras instituciones. Confiar en las instituciones implica tener claras las reglas para formalizar el mercado regional, seguros de que nuestros aportes luego se verán reflejados en obras y proyectos que mejorarán la calidad de vida de los ciudadanos. Esto es crítico ahora que la Cámara de Comercio y Producción de Cajamarca ha estimado que el 97% de la fuerza laboral de la región es informal. Se necesitan incentivos para la formalización y ello implica también motivar a los ciudadanos por medio de un shock de confianza en las autoridades. El fortalecimiento de los gobiernos regionales y locales necesita la promoción de un sistema de gobernanza, lo que implica exigir a nuestras autoridades formas de gobierno abiertas a la participación ciudadana y a la transparencia.

Necesitamos gobernanza para impulsar desde el gobierno regional y las municipalidades políticas públicas basadas en evidencia. Hoy que la pandemia impera, es necesario evaluar las medidas que han funcionado en realidades similares para aplicarlas a la nuestra. Esto también aplica para impulsar las políticas necesarias para cerrar las brechas sociales en nuestra región. Debemos desterrar esa costumbre de actuar a ciegas o de derrochar el dinero en proyectos inservibles o elefantes blancos. En el mismo sentido, necesitamos transparencia y rendición de cuentas. Dejemos de normalizar el pago de dádivas para acelerar la tramitología o las prebendas a cambio de obras públicas. Necesitamos autoridades dispuestas a mostrarnos a la población cómo y en qué se está gastando el dinero de todos. Esencial es la vigilancia ciudadana y, con ello, los mecanismos que establecen las autoridades para una auténtica participación. Necesitamos más y mejor gobernanza para una auténtica representatividad en el Estado.

Más infraestructura, más capacidades y mejores instituciones. El reto es grande y, por lo mismo, debemos empezar a trabajar en conjunto y con el compromiso de todos. También en este marco, podremos identificar más proyectos y políticas urgentes que deben ser priorizadas. Estoy seguro de que ya es momento de empezar a hablar de estos temas y ponerlos en debate. Tocan las acciones de incidencia que son las que movilizarán las dinámicas de desarrollo regional. Ya es momento de que el clarín vuelva a sonar fuerte, para amenizar ese festín que nuestra tierra merece. Y es que Cajamarca debe ser la novia, ya no más la Cenicienta.

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